Guerra Inca-Chanca

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Si bien los mitos de los Ayar y la gesta de Manco Capac se relacionan con los inicios y el establecimiento del grupo Inca en el Cusco, el de la guerra con los Chancas se refiere a los comienzos de la grandeza inca, de esta manera se relata la forma como rompieron el círculos de poderosos vecinos y cambiaron a su favor el equilibrio existentes hasta entonces. Los chancas habitaban la región al Norte del Cuzco, mas allá del río Apurímac, entre los actuales departamentos de Ayacucho y Apurímac, al igual que los Incas, comprendía varios ayllus divididos en dos bandos: Hanan (arriba) para quienes su jefe mítico era Uscovilca y Hurin (abajo) quienes consideraban como su antepasado a Ancovilca y ambos personajes como ídolos en forma de piedra eran llevados a sus guerras; asimismo decían tener su origen o pacarina en las dos lagunas de Choclococha y Urcococha, formaban un pueblo rudo y dado su carácter indómito y belicoso fueran quizás los responsables de la desintegración del gran centro Wari.

Existen diferentes versiones referente a quien fue el inca que dirigió las acciones frente a los aguerridos chancas tal como lo muestra el siguiente detalle:

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Durante el gobierno de Viracocha, los chancas salieron de sus tierras dispuestos a conquistar el mundo, partieron de Paucaray y según la usanza andina se dividieron en tres ejércitos. Tan seguros estaban de la fácil conquista del Cuzco que dos de los ejércitos se dirigieron al Contisuyo y el tercero tomó la ruta del Cusco. Llegados a Vilcacunga enviaron sus emisarios al Cuzco anunciando su intención de someter a los incas por lo que Viracocha atemorizado por la noticia abandonó el Cuzco a su suerte y se refugió junto a sus hijos Urco y Socso en la fortaleza de Caquia Xaquixahuana. Cuando la lucha entre los incas y los chancas adquiere un carácter épico ante la proximidad de las tropas enemigas, es en esas circunstancias que surgió la figura del joven príncipe Cusi Yupanqui quien decidió defender el Cuzco.

El cronista Juan de Betanzos contiene la información más detallada y aceptada sobre el enfrentamiento entre Incas y Chancas y su narrativa adquiere el tono de largos cantares de la tradición oral sin dejar de lado cierta semejanza con los relatos épicos medievales. La leyenda narra que estando solo y muy acongojado por la situación el joven Cusi Yupanqui se quedó dormido y en sueños se le apareció la imagen del dios Viracocha quien le profetizó su próxima victoria, al día siguiente aparecieron los chancas sobre el cerro Carmenca y bajaron en atropellados escuadrones dando voces y alaridos.

Según Cieza de León en torno al Cusco, el ejército de Cusi cavó grandes fosos recubiertos de ramas y tierra en donde en su apresurada carrera fueron cayendo los chancas. Los invasores que corrían en desorden sosteniendo en lo alto a su ídolo Uscovilca no esperaban encontrar una resistencia tan encarnizada en los frentes por los que atacaron. El príncipe Cusi por su parte se lanzo al ataque al mando de un pequeño grupo, enfrentándose al grueso del ejército Chanca. Transcurrían las horas y la batalla continuaba y aunque los incas habían detenido el avance Chanca aun no lograban rechazarlos por completo, fue entonces cuando uno de los tíos de Cusi el viejo Topa Huanchire sacerdote del Inticancha decidió recurrir a un ardid: colocar a la distancia, una hilera de piedras a las que se le ataron flechas y porras; el objetivo era que los invasores las confundan con refuerzos cusqueños. Este artificio, cuenta la leyenda, repentinamente derivó en una intervención divina: al ser llamadas a combatir por el príncipe, las piedras tomaron vida transformándose en fieros guerreros que recibieron el nombre de Pururaucas.

A decir de Raul Porras Barrenechea: “el mito de los Pururaucas es tan sólo una bella alegoría incaica para honrar el valor de las propias fuerzas y enaltecer la grandeza del Espíritu cuando los hombres sienten el acicate de la dignidad y del patriotismo, cuando son capaces del sacrificio y del riesgo, cuando se han educado en el roce del sufrimiento y del esfuerzo, cuando se han sobrepuesto al temor, entonces sus fuerzas se duplican y surgen junto a ellos los invisibles compañeros de granito, que desconocen el miedo y sólo saben el camino de la victoria. Los Pururaucas son los héroes silenciosos y leales que acompañan sólo a los que se atreven. Los Pururaucas son los traidores escondidos que acechan a los incrédulos y a los pusilánimes. Los Pururaucas no faltan nunca a la cita con los valientes. Son los enviados del optimismo, los mensajeros de la fe y de la confianza en nosotros mismos, los soldados de piedra de la convicción heroica. Son, sobre todo, la encarnación misteriosa de las fuerzas telúricas de la amistad secular entre la tierra y el hombre nativos, que se unen fielmente para rechazar al bárbaro extraño, transformando hasta las duras peñas y los árboles delicados, en corazones pujantes para el combate. Los Pururaucas son la primera expresión de un profundo y generoso amor: el sentimiento defensivo de la Patria.”

Al verse apoyado por lo fabulosos guerreros, Cusi se abrió paso raudamente hacia Uscovilca y con gran prestreza derribo a los custodios de Mallqui (Uscovilca, principal protector de los invasores) y se apodero de esta.

Los invasores presos de la confusión, huyeron al escuchar los gritos de victoria del príncipe y verse sin la protección de su ídolo. Los curacas vecinos que observaban el enfrentamiento desde las cumbres de los cerros y aguardaban el desenlace de la batalla para unirse a los vencedores, abandonaron sus puestos y se unieron a los cusqueños , persiguiendo a los fugitivos hasta los confines del valle del Cusco. Allí se realizo un segundo enfrentamiento del que salieron fácilmente vencedores los incas apoyados esta vez por los grupos vecinos.

Esta inesperada victoria fue celebrada con gran algarabía en el Cusco y el prestigio del príncipe Cusi Yupanqui creció enormemente y comenzó a ser llamado “Pachacutec” que significa “el que transforma el mundo”.

Conforme lo estipulaba la práctica militar incaica, el triunfo alcanzado por Cusi debía ser honrado por el Inca, quien pisaría el botín de guerra en señal de reconocimiento. Por este motivo Cusi fue en busca del Inca Viracocha llevando consigo el ídolo chanca y parte de los objetos tomados, al llegar al refugio de Viracocha tendió los trofeos en el piso y humildemente solicitó que en su calidad de soberano tomara posesión de todos los bienes, este aún sorprendido por la victoria vio confirmada la hazaña del príncipe cuando el capitán chanca Huaman Huaraca que trataba con él los términos de su sumisión, reconoció los despojos de su gente y rompió en llanto.

El inca Viracocha sin embargo se rehusó a tomar posesión de los bienes traídos insistiendo en que fuera Inca Urco (quien corregentaba con el Inca) quien recogiera los frutos de la victoria, esta actitud motivo que el príncipe vencedor tomara la decisión de regresar al Cusco. Viendo peligrar su ascensión al mando de la confederación, Urco se propuso asesinara Cusi, y con la ayuda de su padre tramo una emboscada.

Informado a tiempo sobre el peligro que corría, Cusi Yupanqui reforzó sus seguridad con 200 hombres armados bajo el mando de Apo Mayta, así mismo despacho a 50 hombres de confianza quienes sigilosamente y cubiertos con mantas oscuras se apostarían a espaldas de las tropas de Urco en el paraje preparado para la celada. Al llegar las huestes del príncipe a este lugar fueron recibidos con una lluvia de piedras entrando en combate los seguidores de Cusi, desbaratando fácilmente a los traidores. A pesar de este trato por parte del Inca no le guardó rencor y le rogó que regresara al Cuzco pero la propuesta no fue aceptada por el viejo soberano quien optó por pasar el resto de su vida en su retiro de Calca.

Estando en el Cusco unos espías le informaron que los chancas refugiados en Ichopampa se estaban reagrupando y pidiendo refuerzos para atacar nuevamente la capital. El príncipe acompañado de sus capitanes, varios curacas confederados y algunos capitanes de Viracocha que se habían integrado a sus filas salió a buscarlos. Cusi consiguió decapitar de un hachazo al jefe chanca Astu Huaraca y al colocar su cabeza en una lanza junto a la del decapitado Tumay Huaraca consiguió que las huestes chancas huyeran.

Decidido a aniquilar a sus enemigos el príncipe cusqueño persiguió a los chancas hasta llegar al rio Apurímac en donde sufrió una emboscada y continuó la persecución hasta Andahuaylas donde las tropas chancas fueron totalmente acabadas.

De regreso al Cusco y después que el Inca Viracocha pisara los despojos del enemigo reconociendo su victoria derrotó la conspiración de Inca Urco al cual los orejones cusqueños le habían prohibido el ingreso a la ciudad derrotándolo, quedando el camino libre para ceñirse la Mascaypacha a cuya celebración asistió el mismo Inca Viracocha quien le colocó la borla real en la cabeza del joven Cusi Yupanqui nombrándolo de ahí en adelante como Pachacutec Yupanqui Capac Intichuri, es decir “Hijo del sol que transforma la tierra”.

Según el Inca Garcilaso de la Vega, el inca fugitivo fue el anciano Yawar Huaca y el príncipe que asumió la defensa del Cusco, su hijo Hatun Topa, llamado después Viracocha, quien defendió la ciudad imperial del Cusco, así mismo señala que los chancas ya se encontraban sometidos en consecuencia la guerra que iniciaron fue una rebelión.

Yawar Huaca se entera que 40000 guerreros chancas comandados por Hancohuallo, Tumay Huaraca y Astu Huaraca marchaban hacia el Cusco y decide abandonar la ciudad, su hijo Hatun Topa decide salir en defensa del Cusco con la ayuda de 20000 guerreros quechuas: aymaras, cotapampas y cotaneras.

Su primera decisión fue resistir en los malos pasos de Apurímac hasta Vilcacunga, pero en vista que los refuerzos no llegaban, prefirió continuar donde estaba, decisión que por otra parte afectaría el apoyo logístico. Viracocha tomo su dispositivo en el llano con sus propias tropas y 12000 quechuas, disponiendo los 5000 restantes como reserva ocupando un área cubierta. Una vez iniciada la batalla y hasta el mediodía no hubo ventaja para ninguno pero sorpresivamente la reserva inca hizo un ataque de flanco haciéndolos replegar un tanto aunque volvieron a recuperarse. Luego de unas horas de lucha, los chancas comienzan a ceder al ver que incesantemente llegaban al combate pequeños grupos de refuerzos logrando la derrota final de los chancas.

Luego de una corta persecución, Viracocha ordenó la curación de los heridos, el entierro de los muertos y la liberación de los prisioneros de guerra. Se dice que en esta batalla murieron 8000 incas y 22000 chancas.

Sea Pachacutec o Viracocha el defensor del Cuzco y quien sometió a los Chancas, esta es la batalla mas importante durante la existencia del imperio incaico pues marca el inicio y expansión de los incas en el continente sudamericano.

[editar] Bibliografía

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JAVIER FLORES ESPINOZA – RAFAEL VARON GABAI 2002 EL HOMBRE Y LOS ANDES - Homenaje a Henry Pease G.Y. Tomo II Fondo editorial PUCP.

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RAUL PORRAS BARRENECHEA La leyenda de los Pururaucas. Articulo publicado en: Excelsior, Lima, ene-feb. 1945, N° 143-144, p. 23-24; Revista de Infantería, Chorrillos (Lima), agosto de 1950, N° 1, p. 339-342; y Equis, Lima, octubre de 1955, p. 11-12. http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/libros/Linguistica/legado_quechua/la_leyenda.htm

EDMUNDO GUILLEN GUILLEN – VICTOR LOPEZ MENDOZA HISTORIA GENERAL EJERCITO DEL PERU 1980 El Imperio del Tahuantinsuyo – Comisión Permanente de la Historia del Ejercito del Perú.

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