Historieta en España

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La historieta, tebeo o cómic español es una de las tradiciones de historieta más importantes a nivel europeo, pero a pesar de contar siempre con algún autor relevante y rasgos específicos, ha sufrido en ocasiones la estrechez e incluso crisis de su mercado, de tal forma que en la actualidad su facturación no llega al 3% de la producción editorial del país, y sólo alrededor de un 10% de ella cuentan con autoría y producción autóctona. Carente de las ayudas públicas de que gozan otros medios contemporáneos como el cine, se puede decir, como Jesús Cuadrado, que "lo casual es condición sine qua non para que la Historieta, la Historieta española, se manifieste y sobreviva".[1] Históricamente, sus mayores centros de producción han sido Barcelona, Valencia y Madrid, por este orden.

Portada de "El año que vimos nevar" (2005) de Fermín Solís.

Contenido

[editar] Denominaciones

En España, a la historieta se la ha llamado también tebeo. Dicho término, puramente local, tiene su origen en la revista TBO, y designa sobre todo a la publicación que contiene historietas,[2] siendo consagrado su uso en la edición de 1968 del Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española.[3]

A mediados de los años 70, una parte del medio empezó a defender el uso del término de origen anglosajón comic (escrito al principio sin tilde) para potenciar una historieta de grafismo más realista, pretensiones esteticistas o experimentales y temas considerados más adultos, con abundantes dosis de erotismo, en detrimento de la más habitual en la postguerra, que se dirigía preferentemente a un público infantil-juvenil. Como explica el historietista Carlos Giménez:

Por aquellos dias, el término cómic, recién acuñado por los snobs, empezaba a desbancar la palabra tebeo acuñada por el uso, la historia y los lectores. Mucha gente en nuestro mundillo editorial repetía la palabra cómic sin saber muy bien lo que exactamente quería decir.[4]

A partir de los años 80, las últimas revistas del boom del cómic adulto en España (Cairo y Madriz) y otras más recientes, como Viñetas intentaron recuperar el término tebeo, o variaciones del mismo, como neotebeo, ya que como afirma Joan Navarro en el editorial del primer número de esta última revista: "Nosotros no estamos dispuestos a renunciar a nuestas palabras siguiendo el papanatismo vergonzante que ha imperado en las décadas precedentes".[5] En cualquier caso, historieta, tebeo y cómic son sinónimos.

[editar] Historia

Igual que en otros países europeos, existe una fuerte controversia sobre cuál fue la primera historieta, en función de si se usa una definición más o menos restrictiva, hasta tal punto que las Cantigas de Santa María, realizadas probablemente entre 1260 y 1270 por el taller de Alfonso X «el Sabio» podrían considerarse como tales.

[editar] Las aleluyas (Siglos XVIII y XIX)

Habrá que esperar hasta el siglo XVIII para que se produzcan en España, las primeras aleluyas o aucas y estampas con una estructura de viñetas,[6] que algunos teóricos consideran el origen de la historieta en España.[7]

[editar] Primeras historietas en prensa (1869-1909)

Historieta cómica de Tomás Padró, publicado en La Flaca, el 8 de mayo de 1870.

La réplica a la británica Punch en España vendria de la mano de revistas satíricas como La Flaca, centrada en caricaturas e historietas de tipo político y publicada en Barcelona entre el 27 de marzo de 1869 y el 3 de marzo de 1876.

Destaca también en este período Apeles Mestres con sus "Cuentos vivos" (1898) y "Granizada" (1880), recopilados en álbumes; Federico Guevara, Joan Llopart, José Pando, Antoni Utrillo. También se publican revistas infantiles como En Patufet (1904) y suplementos como Gente Menuda (1906) del diario ABC, siendo también de destacar la presencia de la argentina Caras y Caretas con abundante colaboración española.

[editar] Un nuevo lenguaje (1910-37)

El investigador Antonio Martín, cuya labor es fundamental para conocer este período, considera la serie El suero maravilloso de Robledano publicada en 1910 en la revista para niños "Infancia" en 1910 como la primera historieta española con globos de diálogo.[8] Están surgiendo entonces multitud de revistas infantiles como Dominguín (1915), Charlot (1916) y sobre todo TBO (1917), la primera que gozó de gran difusión (220.000 ejemplares en 1935) y que, a la postre, generó el nombre con el que hemos conocido al medio en España. Entre sus autores, destacan Ricard Opisso y Manuel Urda Marín. Otras revistas importantes son Pulgarcito de 1921, publicada por la editorial El Gato Negro, luego Editorial Bruguera, y Pinocho (1925).

K-Hito, Miguel Mihura y Francisco López Rubio desarrollan historietas con un nuevo humor, más absurdo y moderno, en revistas para adultos como Gutiérrez (1927) e infantiles como Macaco (1928) y Macaquete (1930).

Posteriormente, aparecerán otras como "Pocholo" en 1931, y se publica el material clásico estadounidense en revistas como Yumbo (1934) y Aventurero (1935) de Hispano-Americana de Ediciones, "Mickey" (1935), "La revista de Tm Tyler" (1935) y "Cine Aventuras" (1936). Debido a esta influencia, las aventuras autóctonas se alargan y surgen autores de grafismo realista como Francisco Darnís, Salvador Mestres, Riera Rojas y Jaime Tomás, que se unen a los de grafismo caricaturesco, como José Cabrero Arnal o Arturo Moreno.

Finalmente, durante la Guerra Civil Española, se lanzaron publicaciones propagandísticas en ambos bandos, como Flechas y Pelayos, El Pueblo en Armas, Pionero Rojo: semanario de los niños obreros y campesinos o Pionerín.

[editar] La España del tebeo (1938-1969)

Francisco Ibáñez

Durante la postguerra, la historieta española alcanzó más popularidad que nunca, hasta tal punto que Luis Gasca llegó a escribir que "el tebeo en España alcanza sus años dorados, del 40 al 50, que ya nunca volverá a conocer."[9] Era entonces una lectura barata, que incluso llegaba a alquilarse por diez céntimos en los barrios, y serían los hijos de esos obreros los que se dedicarían profesionalmente a ella en los siguientes años.[10]

Sin embargo, la historieta tuvo que sortear una serie de dificultades:

  • Desde 1941 a 1951, sólo aquellas editoriales autorizadas por la Vicesecretaría de Educación Popular, adscrita como Subsecretaría en 1945 al Ministerio de Educación Nacional, podían acceder a las cuotas de papel necesarias, dadas las carencias económicas del país, que obligaban incluso a que el original se usase como "el cliché directo que iba a la imprenta".[11]
  • Posteriormente, el Gobierno esperaba que la historieta —convertida ya en un medio de comunicación de masas—[12] actuara como difusora de su ideología, así que intensificó la censura, sobre todo en lo relativo a las representaciones violentas o eróticas, con el Decreto de 24 de junio de 1955 sobre ordenación de la prensa infantil y juvenil[13] y sobre todo con la creación en 1962 de la Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles.[14]
  • Finalmente, el tebeo se concibe fundamentalmente como una industria, en la que los autores son meros empleados con contratos a menudo leoninos a los se niega la propiedad de sus personajes.[15]

En general, el desarrollo del medio en esta época tiene cuatro vertientes bien diferenciadas:

[editar] El cuaderno de aventuras

En 1938, aparece la revista donostiarra Chicos, donde se dan a conocer Emilio Freixas y Jesús Blasco con su Cuto.

La Editorial Valenciana implanta poco después el cuaderno de aventuras, acercándolo al modelo italiano: Un cuadernillo rectangular y apaisado, monográfico y de un número de páginas variable, aunque predominaran los de dieciséis. Producirá series de éxito como Roberto Alcázar y Pedrín (1940) de Eduardo Vañó, y El Guerrero del Antifaz (1944) de Gago. Desde 1948, Boixcar se dedica a narrar sus Hazañas Bélicas.

En 1947, nuevas revistas de Bruguera, como Pulgarcito y El Campeón incluyen también series de aventuras, como El Inspector Dan de la Patrulla Volante (1947) de Eugenio Giner, Silver Roy de Antonio Bosch Penalva y Dr. Niebla de Francisco Hidalgo. Clíper lanza la serie de El Coyote, con guiones del propio Mallorquí.

Ya en los 50, logran un gran éxito El Cachorro (1951), de Juan García Iranzo, Aventuras del F.B.I. (1951) de Luis Bermejo, Diego Valor (1954), y sobre todo, El Capitán Trueno (1956, Mora y Ambrós), que llegará a vender hasta 350.000 tebeos semanales.[16] Del mismo guionista es El Jabato. Otras series destacadas de esta época son El capitán Pantera (1954) de Antonio Pérez Carrillo, Apache (1958) de Luis Bermejo, la La Saga de los Aznar (1959) de Matías Alonso y Capitán Martín (1963) de Mallorquí/Zata

[editar] El tebeo humorístico

La revista Chicos también publica series humorísticas, como "Sherlock López y Watso de Leche" (1943) de Gabriel Arnao y Pepe Carter y Coco de Ángel Puigmiquel. Poco a poco, van reapareciendo semanarios humorísticos, muchos de ellos de orientación satírica e incluso adulta, destacando en los años 40 los siguientes:

  • El sempiterno TBO (1941) de la Editorial Buigas, Estivill y Viña, que, aunque tradicionalmente había optado por evitar los personajes fijos, popularizó en esta época La familia Ulises, de Benejam y Los inventos del TBO de Sabatés. Josep Coll fue otro de los autores más importantes de esta publicación.
  • La Codorniz (1941), que también publicó historietas en su seno.
  • Nicolás (1948), Topolino (1950) y Jumbo (1952), de Ediciones Cliper.

[editar] El tebeo para niñas

Jesús Blasco y su hermana Pilar trabajan para la revista Mis chicas (1941), donde el primero crea a Anita Diminuta. Florita. La revista Florita (1949) de Ediciones Cliper.

Las revistas de Bruguera destinadas al público femenino Sissy (1958) y Lily (1962). Purita Campos producirá desde 1960 historietas para la editorial inglesa I.P.C., logrando también ser publicada en su propio país. No es un caso único. Juliana Buch. Angeles Felices. Trini Tinturé. Carmen Barbará obtiene un gran éxito con su serie Mary noticias.

[editar] El mercado exterior (1954-1969)[17]

Tras la senda de José Cabrero Arnal y Gabriel Arnao, multitud de historietistas optan a partir de 1954 por marcharse al extranjero en busca de mejores oportunidades laborales, preferentemente a Francia, como José Bielsa, Julio Ribera y Manfred Sommer, e Hispanoamérica, como Alfons Figueras y Ángel Puigmiquel.

Josep Toutain y Antonio Ayné crearán, incluso, la agencia Selecciones Ilustradas en 1956 para proporcionar encargos sindicados a los dibujantes españoles y distribuirlos en el extranjero. En los años cincuenta y sesenta serán generalmente historietas del oeste, románticas o bélicas para revistas inglesas, mientras que en los 70 la exportación se dirigirá a Estados Unidos, concretamente a las revistas de terror Creepy, Eerie y Vampirella de Jim Warren. Es el caso de Cesar Alvárez Cañete, Josep María Beá, Jaime Brocal Remohí, Fernando Fernández, Alfonso Font, Luis García, Carlos Giménez, José González, Esteban Maroto, Mascaro o Enric Sió. Otros realizarán series para diarios anglosajones, como Enrique Badía Romero (Modesty Blaise), Jordi Longarón (Friday Foster), José Ortiz y Luis Roca (Scarth), o para el mercado francés, como Víctor de la Fuente.

Otro estudio importante es del Jesús Blasco y sus hermanos, continuando series como Cuto (1968) e iniciando Steel Claw (Zarpa de Acero). También publican para el extranjero Juan Arranz, José Bielsa, Justo Jimeno y Tomas Marco Nadal, autor de Kalar.

Todos estos dibujantes españoles gozaron de una mejora sustancial de su condiciones laborales, con unos ingresos muy superiores a los del mercado autóctono (de 25 pesetas por viñeta en Francia a 125 en Gran Bretaña). Al principio, estos trabajos eran realizados por los dibujantes sobre unos guiones de hierro, y sin derecho a acréditación de la autoría ni a la devolución de los originales, situación que cambiaría a partir de los años 70 con la reivindicación del cómic de autor. Por su parte, Jesús Cuadrado afirma que:

Más del cincuenta por ciento de la obra de nuestros historietistas para el mercado agencial fueron adaptaciones; o recreaciones; o extensiones. Y no eran despreciables en bloque; depende de la firma: de su honestidad o de sus ganas de engañar.[18]

[editar] Auge y caída del llamado cómic adulto (1970-1986)

Retrato de Antonio Segura.

Con la aparición de Tebeo y cultura de masas (1966) de Luis Gasca y la publicación teórica Bang! (1968) de Antonio Martín/Antonio Lara, así como la celebración de la "Primera Reunión nacional de dibujantes de historietas" (Sitges, 1969) se genera un replanteamiento cultural que, en palabras de Javier Coma, fue previo al artístico."[19] Hubo que esperar por tanto hasta bien entrados los años 70 para que empezaran a darse las condiciones económicas, políticas y sociales que permitiesen el desarrollo de una industria de historietas para adultos, muchas de ellas de terror, que crecerá durante toda la década a partir de revistas como Dossier Negro y Gaceta Junior, ambas de 1968; Trinca (1970); Drácula y Vampus de 1971; Barrabás y Pánico (1972); Rufus, El Papus, y El Rrollo enmascarado de 1973; Star y Vampirella en 1974, o SOS (1975), en la que ven la luz series como Dani Futuro o Haxtur y se dan a conocer nuevos autores como Calatayud y Hernández Palacios.

Su momento de máximo esplendor (el llamado "boom") tendrá lugar tras la muerte de Franco, gracias a la labor de editores como José María Berenguer, Rafael Martínez, Joan Navarro y Josep Toutain, responsables de un auténtico aluvión de publicaciones: Blue Jeans, El Jueves, Totem y Trocha, todas de 1977; Bumerang y 1984, ambas de 1978; Creepy y El Víbora, en 1979; Comix internacional, Delta y Bésame Mucho en 1980; Cairo, Cimoc, Sargento Kirk, Metal Hurlant y Rambla, todas de 1981; Makoki y Vértigo, en 1982; Metropol, en 1983; K. O. Comics, Madriz y Thriller, en 1984. También hay que destacar a la editorial Ikusager, dedicada a la producción de álbumes.

Entre estas nuevas publicaciones había semanarios satíricos, con autores como Chumy Chúmez, Ivà, José Luis Martín y Óscar, y revistas de ciencia ficción y fantasía, muchas de ellas con un erotismo exacerbado, que empezaron editando antiguas obras producidas para el mercado extranjero, incluyendo las de autores españoles, como 5 x infinito (1967), Hom, Las crónicas del Sin nombre o Mara, antes de que éstos empezarán a realizarlas directamente para ellas.

Pronto se producirá la distinción entre una "línea clara" representada por la revista Cairo y una "línea chunga" representada por las revistas El Víbora y Makoki. Se edita también la revista Madriz, subvencionada por el Ayuntamiento de la capital, que difunde un cómic de espíritu postmoderno. Surgen así nuevos dibujantes como Federico del Barrio, Gallardo, Pere Joan, Mariscal, Max, Micharmut, Nazario, Rubén Pellejero, Daniel Torres o Fernando Vicente, aunque se destacaba, sin embargo, la necesidad de más "guionistas capaces" como pudieran ser Hernández Cava, Andreu Martin o Nieto.[20]

Tal variedad de tendencias producirá series tan conocidas y diferentes como Paracuellos (1976); Makoki y ¡Dios mío!, ambas de 1977, Makinavaja, Anarcoma y Grouñidos en el desierto, de 1979, Zora y los hibernautas e Historias de taberna galáctica (1980); El mercenario, Frank Cappa y Torpedo 1936 (1981), Cleopatra y Taxista en 1982; Peter Pank y Rocco Vargas en 1983, Hombre (1984) y Las aventuras de Dieter Lumpen (1985).

Persiste, además, la escuela humorística Bruguera, cada vez más con un humor menos testimonial y más disparatado[21] que se explaya en nuevas revistas como Mortadelo (1970), Súper Mortadelo (1972), Zipi y Zape (1972), Mortadelo Especial (1975), Sacarino (1975), Superlópez (1985) y ¡Más madera! (1986); autores como Luis Allué, Esegé, Fresno's, Alfonso López, Joan March, Alberto Murguía, Ángel Segura Moreno, Nicolás o Jaume Rovira y series como Sir Tim O'Theo (1970) de Raf, Los cuentos del tío Vázquez de Manuel Vázquez o Superlópez (1979) de Jan, al mismo tiempo que Mortadelo y Filemón sufre una transformación radical en 1969. También triunfa Esther (1972), un nuevo personaje de Purita Campos, aunque decae el héroe clásico del tebeo de aventuras, citándose a El Corsario de Hierro (1970) como último ejemplo del héroe tradicional. En 1983, TBO es adquirida y reformada por Editorial Bruguera.

Es también notable la creación del Salón del Cómic de Barcelona (1980) y la edición en 1982 de una Historia de los Comics en fascículos para quioscos, que contó con la colaboración de numerosos teóricos del medio españoles y extranjeros. Se publican también los manifiestos "Ante un conato de degradación del significado cultural del cómic" (1983) y, a propósito de la exposición "Tintín en Barcelona" en la Fundación Joan Miró, el "Manifiesto contra la exposición Tintín y Hergé" (1984), a los que la teórica Francesca Lladó atribuye mucha importancia en la crisis subsiguiente del medio,[22] Este último año se celebra también la muestra "1984x20. Un Maremàgnum Gràphic" (1984) en la misma ciudad.

A partir de mediados de los años 80 se empieza a manifestar una crisis editorial que acabará con la mayoría de las revistas de cómic adulto, como Cairo y Creepy en su primera etapa (1985), El Papus (1987), Dossier Negro (1988), y con la Editorial Bruguera (1986).

[editar] La difícil supervivencia (1987-)

Albert Monteys, actual director de El Jueves.

Tras el cierre de las nuevas etapas de Cairo (1991), Creepy (1992) y TBO (1998), así como de Zona 84 (1992), Cimoc (1995) y El Víbora (2005), sólo El Jueves queda como representante de las antiguas revistas para adultos, mientras que las nuevas sólo logran una breve vida, como Viñetas (1993-94), Top Comics, Kiss Comix o Co&Co, no sin permitir que nuevos valores como Fernando de Felipe, Enrique Jiménez Corominas, Jaime Martín, Miguel Ángel Martín, Bartolome Seguí o Santiago Sequeiros inicien sus carreras, algunas de ellas abortadas. Parecidas dificultades encontrarán los autores que, poco antes de la crisis, se habían dado a conocer mediante el fanzine Zero: José María Beroy, Ricard Castells, Das Pastoras, Pascual Ferry, Toni Garcés, Miguelanxo Prado o Mike Ratera.

Y aunque sobreviva alguna rara avis como Cavall Fort, desaparecen los nuevos tebeos infantiles como Guai! (1986-90), los Mortadelos de Ediciones B (1986-1996), ¡Dibucómics! (2002) o el suplemento Pequeño País (1988-2009), en los que destacaron humoristas como Joaquín Cera, Maikel, Marco o Juan Carlos Ramis y personajes de éxito como Mot y Goomer. Lo mismo sucede con los últimos tebeos para chicas (Pecosa, entre 1986 y 1988). En palabras de Catalina Cantarellas, "la difícil recuperación del sector de población juvenil, desatendido en su momento, sigue siendo un problema en el panorama del cómic español."[23]

Pocos autores de generaciones anteriores, como Jordi Bernet, Carlos Giménez, Francisco Ibañez, Jan o Max, pueden permitirse el lujo de dedicar sus mayores esfuerzos a la historieta, optando algunos de ellos por el mercado extranjero, como Ignasi Calvet Esteban, Josep Nebot, Rubén Pellejero o Jorge David Redo.

Sí que que se se produce un auge de los superhéroes y el manga de importación, con lo que las influencias se internacionalizan. Surgen también las librerías especializadas y no dejan de aparecer fanzines (El Batracio Amarillo, La Comictiva, Crétino, Paté de Marrano, TMEO), revistas de información (Krazy Comics, Nemo, Urich), y pequeñas editoriales (Astiberri, Ediciones de Ponent, Ediciones Sins Entido). La editorial Camaleón Ediciones planteó, por ejemplo, una propuesta de edición independiente que, sin apenas generar beneficio económico, dio salida a un buen elenco de nuevos historietistas, a través de tebeos como Mondo Lirondo. Pese a que la editorial acaba cerrando en el año 1998, otras editoriales, pequeñas y no tanto (como Editorial Planeta con su línea Laberinto) siguieron su ejemplo apostando por nuevos talentos.

"Dando tumbos" (2000) de Fermín Solís.

Éstos no se basan sólo en la tradición nacional sino también en propuestas foráneas que resultan más novedosas, vengan desde Estados Unidos, Japón o el resto de Europa. Muchos de ellos se dedican a la historieta cómica como Mauro Entrialgo, Manel Fontdevila y Albert Monteys, refugiados en El Jueves, o incluso paródica y referencial, como Cels Piñol, David Ramírez y Enrique V. Vegas. Se ponen también de moda las historietas de corte intimista, como las de David López y Fermín Solís, aunque algunas se inscriban en el fantástico (Víctor Santos, Santiago Valenzuela), o sean tan variadas como inclasificables (Luis Durán, Paco Roca). Otros muchos autores españoles recientes, como Ramón F. Bachs, Pasqual Ferry, Rafa Fonteriz, Salvador Larroca y Carlos Pacheco realizan sobre todo historietas de superhéroes para el mercado estadounidense, mientras que Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido, autores de Blacksad (2003), Enrique Fernández, Sergio García, Roger Ibáñez o José Luis Munuera trabajan directamente para el francés. Al amparo de Internet, toda una nueva serie de historietistas y críticos intenta lograr una mayor difusión y reconocimiento. Hay que destacar, en este sentido, el establecimiento en 2007 del Premio Nacional del Cómic, otorgado por el Ministerio de Cultura.

[editar] Autores y obras más destacados

[editar] Industria

Sigue ahora una tabla en la que se irán recogiendo los datos de los sucesivos informes del Comercio Interior del Libro en España:[24]

1990 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007
Títulos editados 752 500 457 581 334 574 1.070 1.139 1.220 1.582
% de títulos (respecto al sector editorial español) 1,4 0,9 0,8 1 0,5 0,9 1,6 1,6 1,8 2,2
Ejemplares producidos 8.529.000 4.955.301 4.177.269 4.011.893 2.495.909 5.424.539 13.883.540 12.016.000 21,11
% de ejemplares (respecto al total del sector editorial) 3,2 1,7 1,6 1,5 0,9 2 2,9 4,3 3,6 5,9
Tirada media 11.340 9.911 9.139 6.901 7.484 9.448 8.347 12.187 9.849 13.344
Índice tirada media (Total=100) 196,3 205,8 159,7 169,2 223,6 182,3 263,8 200,9 243,7
Nº Títulos en catálogo 3.596 3.500 2.741 1.908 1.998 2.550 2.771 3.212 3.233 4.417
% Títulos en catálogo (resp. total sect. editorial) 1,6 1,6 1,5 1,1 0,7 0,7 0,9 0,9 1,0 0,9 1,2
Cifras de facturación (mill. €) 80 104 138,18 124,15 111,47 94,06 88,278 96,653 98.785 83,03 77,05
% de facturación (respecto al total del sector editorial) 3,2 3,4 4,4 5,7 4,9 4,3 3,5 3,2 3,4 3,4 2,8 2,5
Ejemplares vendidos 8.439.782 11.644.900 9.257.660 6.158.344 7.881.700 6.543.000 6,16
Precio medio 9,58 11,40 13,20 8,08 9,54 15,69 12,53 12,69 12,51

Según el tamaño de las empresas, los títulos editados se reparten de la siguiente forma:

1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009
Grande (Más de 18.000 mill. €) 367 201 148 211 129 362 402 581
Mediana (De 2.401 a 18.000 mil €) 20 6 77 532 455 516 773
Pequeña (hasta 2.400.000 euros) 70 374 186 286 409 323 302 228

Sigue ahora un gráfico con los porcentajes de venta en sus diferentes canales de comercialización, basada en las mismas fuentes:

1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009
Cadenas de librerías 3,4 3,8 7,4 9,6 5,9 5,2 7,3 10,2 10,4
Correo + Club del Libro + Internet + Suscripción 22,1 22,1 9,7 10,0 15,4 22,1 17,3 13,2 5,3
Crédito + Venta telefónica 22,3 19,9 19,1 17,1 18,3 14,3 12,5 7,6 2,7
Hipermercados 3,4 3,1 7,4 14,9 4,9 4,6 8,5 4,7 5,0
Librerías 4,7 4,0 10,0 23,7 8,9 7,6 9,1 21,1 21,2
Quioscos 38,2 36,7 43,2 24,0 37,4 35,4 41,8 43,2 54,5
Resto canales 5,9 10,5 3,2 0,7 9,0 10,7 0,7 0,1 0,8

Hay que sumar, a este respecto, el número de ejemplares prestados en las bibliotecas. En una red de bibliotecas como la de Barcelona se pasó de 264.305 e 2004 a 288.679 en 2005, "lo que supone un incremento del 8,4 por ciento."[25]

Sigue ahora un gráfico con el número de títulos producidos por Comunidad Autónoma:

1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009
Andalucía 1 1 11
Cataluña 416 535 261 462 962 1.035 1.142 1.359
Galicia 2 4 7
Madrid 15 26 47 88 89 81 23 146
País Vasco 12
Valencia 24 20 26 25 19 17 54 47

Según los datos del Anuario de Glénat, en 1993 se publicaron 116 títulos (libros o álbumes) de autores españoles.[26]

Según su procedencia y atendiendo a los datos de Breixo Harguindey para AACE, el material editado se distribuye de acuerdo a los siguientes porcentajes:

1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009
argentina
británica
Española 9,7
Estadounidense 59 53 45 46 39 47
franco-belga
italiana
japonesa 31,8

El soporte más habitual es es libro en papel (95,0% en 2007).

[editar] Referencias

[editar] Bibliografía

[editar] Notas

  1. Calatayud. Viñetas truncadas en Historia del tebeo valenciano. Editora Levante, Valencia, 1992.
  2. Cuadrado, Jesús en Para saber de tebeos, artículo publicado en Tiza nº2, 10/1984
  3. Eric Frattini y Óscar Palmer en la Guía básica del cómic, Nuer Ediciones, 1999, p. 55.
  4. Giménez, Carlos, en el prólogo a su álbum recopilatorio Sabor a Menta, Ediciones de la Torre. Colección Papel Vivo, 1994.
  5. Navarro, Joan, en Viñetas nº 1, Ediciones Glénat, 1993, p. 3.
  6. La estampa popular en el siglo XVII por Valeriano Bozal
  7. Como Parramón, José Mª. en Cómo dibujar historietas, Parramón Ediciones, S. A., 1966, p. 25.
  8. Historia del Cómic español 1875-1939. Editorial Gustavo Gili. Barcelona, 1978
  9. Citado por Parramón, José Mª. en Cómo dibujar historietas, Parramón Ediciones, S. A., 1966, p. 26.
  10. Tubau, Iván y Carlos Giménez en "Conversación en Premiá de Mar", publicada en Un hombre, mil imágenes nº 1. Norma Editorial. 1982, p. 23.
  11. Benavent, Joan en Entrevista a Jesús Blasco, Colección Un hombre, mil imágenes nº 3, Norma Editorial, 1982, p. 7.
  12. Gubern, Roman en "La edad de oro de las historietas cómicas" para Historia de los Comics, 1983, p. 480, de Toutain Editor.
  13. Vázquez de Parga, Salvador en "El comic realista español desde 1950 hasta los últimos años 60" para Historia de los Comics, 1983, p. 497, de Toutain Editor.
  14. Análisis del mercado actual de tebeos en España", p. 336, de Ignacio Fontes, en Estudios de Información 'Los comics' nº 19-20, 1971, a través de la referencia contenida en "Los comics en España", pág. 25, aunque sería mejor poder referenciar directamente el artículo de Fontes.
  15. Situación resuelta posteriormente por diversas sentencias de los Juzgados de Primera Instancia de Valencia, por las que se reconocía la autoría de Pumby y El Guerrero del Antifaz a José Sanchís y Manuel Gago, respectivamente.
  16. John M. Burns y Víctor Mora en Cómo nació El Capitán Trueno - La reina bruja de Anubis, Ediciones B, Barcelona, 1991, ISBN 84-406-2302-X
  17. Para Fernando Fernández Sánchez, a partir de 1969 se desarrolla una nueva etapa que vincula al denominado cómic de autor. Memorias ilustradas. Colección Viñetas de Ediciones Glénat S. L., Barcelona, 2004. pp. 293 a 295. ISBN 84-8449-424-1.
  18. Accomodatio, accomodationis, artículo de Jesús Cuadrado publicado en Nosotros somos los muertos, nº4, 05/1997
  19. Coma, Javier en "El último exilio: El inicio de los comics postfranquistas con anterioridad a la propia muerte del dictador" para Historia de los Comics, 1983, p. 1055, de Toutain Editor.
  20. Coma, Javier. Y nos fuimos a hacer viñetas, Ediciones Penthalon S. A., Madrid, 1981, p. 8.
  21. Vázquez de Parga, Salvador, en "De Mortadelo a Makoki: El humor y la sátira en los comics españoles de los últimos tiempos" para Historia de los Comics, 1983, pp. 1122 a 1124, de Toutain Editor.
  22. Los Comics de la Transición, pág. 13-14 y de Ediciones Glénat, 2001
  23. Catalina Cantarellas, prólogo en en Los comics de la transición, p. 9.
  24. Los documentos anuales de los que se ha extraido la información pueden consultarse en la página web oficial la Federación de Gremios de Editores de España.
  25. Bleda, Sergio en Un poco de información, por favor dentro del Anuario de la Historieta 2005 de la Asociación de Autores de Cómic de España, p.5
  26. Guiral, Toni en Cómic español: ¿Hasta cuándo? dentro del Anuario de la Historieta 2005 de la Asociación de Autores de Cómic de España, p. 16.

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