Herma
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En la Antigua Grecia, una herma (en griego antiguo έρμα, plural έρμαι hermai) era un pilar cuadrado o rectangular de piedra, terracota o bronce (el estípite) sobre el que se colocaba un busto del dios Hermes, normalmente con barba (signo de fuerza física), y cuya base se adornaba con un falo en erección (símbolo de masculinidad y de disposición a las armas). El nombre del dios Hermes proviene de las hermas, y de ellas procede también su papel como protector de mercaderes y viajeros, pues anteriormente fue un dios fálico asociado con la fertilidad y la suerte.
Las hermas eran usadas como marcas para señalar carreteras y fronteras y marcar los límites de las propiedades, aunque también tenían una función apotropaica, es decir, de alejamiento de lo maligno, ya fuera espíritu, adversidad o enemigo. En Atenas se colocaban fuera de las casas para atraer la buena suerte. Cada barrio tenía su herma, y se conservan vasijas con pinturas que muestran sacrificios particulares siendo realizados en ellas.
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[editar] Historia
Originalmente, las hermas eran simples montones de piedras usados para marcar un camino o una frontera. Todo el que pasaba cerca añadía su propia piedra al montón, anunciando también de esta forma su presencia. En lo alto de estos montones se colocaban figuras fálicas talladas en madera. En las primitivas hermas «cilenias», la base de piedra y madera era simple y llanamente un falo. Sobre el año 520 Hiparco, hijo de Pisístrato, sustituyó los montones de piedra que marcaban los puntos intermedios entre los diversos pueblos (deme) de Ática y el ágora de Atenas por hermas de piedra con la forma definitiva.
Según Heródoto los primeros en erigirlas fueron los pelasgos, un pueblo legendario originario de la península Itálica, donde dejarían rastros de construcciones ciclópeas. Los pelasgos se habrían asentado en Grecia, fundando Atenas e introduciendo el uso de las hermas de madera, quizá por razones económicas.
En mayo del 415 a. C., la noche anterior a la partida de la flota ateniense hacia Siracusa durante la Guerra del Peloponeso (ver expedición a Sicilia), todas las hermas atenienses fueron vandalizadas, lo que fue considerado una señal de mal augurio. Aunque nunca fue demostrado, los atenienses de la época creyeron que había sido obra de saboteadores, bien de Siracusa o de pacifistas de la propia Atenas. De hecho Alcibíades, pupilo de Sócrates, fue acusado de ser el cerebro del crimen. Él negó las acusaciones y se ofreció a ser juzgado, pero los atenienses no querían trastornar aún más los planes de la expedición, y ésta partió en la fecha prevista. Sin embargo, más tarde sus enemigos políticos le juzgaron y sentenciaron a muerte in absentia, tanto por la mutilación de las hermas, como por el crimen supuestamente relacionado de profanar los misterios eleusinos.
[editar] Bibliografía
- Walter Burkert, Religión griega, 1985
- Heródoto, La historia, II, 51
- Ciro Serroni, Los vigías de Pascua, 2002
[editar] Véase también
[editar] Enlaces externos
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En el arte antiguo las hermas eran señales consistentes en una base de una columna sobre la que se ponía una cabeza. Originalmente estaban provistas de un falo y el comienzo de unos brazos, y servían como imágenes de culto del barbudo Hermes, dios de los caminos, en las encrucijadas y lugares similares. Desde mucho antes estas columnas tenían relación con la fertilidad.
En la Antigüedad, ya en tiempos arcaicos, había bustos sobre una base cuadrada, que sería el equivalente a una columna corta, sin relación directa con el culto a Hermes. Eran a menudo relativamente pequeñas y solían servir como objetos de culto doméstico. Ya en el siglo V a. C. aparecían en esta forma otros dioses además de Hermes, permaneciendo no obstante el nombre de «herma». Además del uso privado las hermas eran también objetos de exposición y representación. Un buen ejemplo es la conocida herma de Temístocles de Ostia. Posteriormente estas esculturas se acercan más y más a la forma de los bustos que serían usados con frecuencia en los retratos artísticos romanos. En estos, y a diferencia de los que sucedía con la mayoría de las hermas, se vuelven a esbozar unos hombros con el arranque de los brazos.
Además de políticos, se conservan hermas de filósofos y poetas, como por ejemplo de Teofrasto, maestro de Menandro.
Un tipo especial de herma en la llamada herma doble, en la que sobre la base aparecen dos cabezas opuestas unidas por la nuca. El dios romano Jano era representado a menudo de esta forma, si bien también se retrataba a poetas famosos en estas hermas dobles. En el Museo Nazionale Romano se conserva una herma doble [1] con los retratos de Menandro y un poeta anciano, quizá Apolonio de Tiana o uno de los muchos retratos reconstruidos de Homero, aunque su identidad no está clara.
Las columnas de piedra rematadas con una cabeza de mujer se llaman hermas cariátides, por similitud con las cariátides, que son columnas con forma de mujer, incluyendo el cuerpo. Se usaron en la arquitectura manierista del siglo XIX, tanto en la decoración de edificios representativos como en palacios públicos. Estas hermas seguían fielmente el modelo de las cariátides del Erecteión de la Acrópolis de Atenas, siendo comparativamente raras las del más antiguo modelo de Kore (o doncella de pie vestida). Su contrapartida masculina, el kouros, también aparece en esta forma, pero en contraste con las cariátides suele aparecer completamente desnudo.
Todavía hoy se colocan en edificios y lugares públicos hermas y bustos con retratos para honrar a personalidades destacadas. Con frecuencia se usa para ello el caro mármol italiano de Carrara como medio adicional de agradecer al distinguido personaje.
[editar] Bibliografía
- Reinhard Lullies, Los tipos de hermas griegas (Die Typen der griechischen Herme). Gräfe & Unzer, Königsberg 1931
- Birgit Rückert, Las hermas en la vida pública y privada de los griegos: Investigaciones sobre la función de las hermas griegas como marcas fronterizas, portadores de inscripciones e imágenes de culto de Hermes (Die Herme im öffentlichen und privaten Leben der Griechen. Untersuchungen zur Funktion der griechischen Herme als Grenzmal, Inschriftenträger und Kultbild des Hermes). Roderer, Regensburg 1998, ISBN 3-89073-283-6
- Henning Wrede, Las antiguas hermas (Die antike Herme). Verlag von Zabern, Mainz 1986, ISBN 3-8053-0866-3
En la Antigua Grecia, las hermas eran pilares cuadrangulares, más anchos por arriba que por la base, coronados por una cabeza o busto. Se les llamaba así bien porque la cabeza de Hermes era la más común o por su relación etimológica con la palabra griega ἕρματα (bloques de piedra), que originalmente no hacía referencia alguna a Hermes.
En las épocas más antiguas Hermes, como otras divinidades, era adorado en la forma de un montón de piedras o de un bloque amorfo de madera o piedra, que posteriormente tomó la forma de un falo, el símbolo de la productividad. El siguiente paso fue la adición de una cabeza a esta columna fálica que pasó a ser cuadrangular (el número 4 estaba consagrado a Hermes, quien había nacido el cuarto día del mes), con la significativa indicación del sexo aún prominente.
En esta forma el número de hermas se incrementó rápidamente, especialmente las de Hermes, para las que se ha sugerido el nombre de Hermhermae. En Atenas se encontraban en las esquinas de las calles; delante de las puertas y en los patios de las casas, donde eran adoradas por mujeres como proveedoras de fertilidad; en los gimnasios y palestras, y en las encrucijadas de los caminos.
A cada lado del camino que llevaba del Stoa Poikile al Stoa Basileios se erigieron tan largas filas de hermas gracias a la piedad de particulares o de organismos públicos, que el Stoa Basileios era llamado Stoa de las hermas. El papel de Hermes como protector de los caminos, de los mercaderes y del comercio explica el gran número de hermas que servían de postes indicadores en los caminos fuera de la ciudad.
En el Hiparco pseudoplatónico se afirmaba que el hijo de Pisístrato había erigido pilares de mármol en lugares adecuados de los caminos que llevaban de los diferentes distritos campestres a Atenas, teniendo los lugares relacionados con los caminos inscritos en un lado en versos hexámetros, y en otro un pentámetro conteniendo un corto proverbio o precepto moral para la edificación de los viajeros.
A veces llevaban inscripciones celebrando el valor de aquellos que había luchado por su país. Así como era costumbre que los transeúntes mostraran respeto a las formas más rudimentarias del dios (el montón de piedras) añadiendo una piedra al montón o ungiéndolo con aceite, también se depositaban cerca de las hermas pequeñas ofrendas, normalmente de higos secos, para aplacar el apetito de los viajeros necesitados. También se colgaban guirnaldas de flores de los dos espaldones parecidos a brazos que sobresalían a ambos lados del extremo superior de la columna (para el oráculo de Pharae véase "Hermes"). Estos pilares también se usaban para señalar los límites fronterizos o para delimitar los diferentes estados. El gran respeto asociado a ellas se manifiesta en la agitación provocada en Atenas por las Mutilación de las Hermas justo antes de la partida de la expedición a Sicilia (mayo del 415 a. C.). Las hermas constituían el objeto de una industria especial, siendo sus fabricantes llamados Hermoglyphi. Las cabezas que las coronaban no estaban, sin embargo, limitadas a la de Hermes, siendo frecuente la aparición de las de otros dioses y héroes, e incluso de mortales distinguidos. En estos casos de formaba una palabra compuesta: Hermathena (una herma de Atenea), Hermares, Hermaphroditus, Hermanubis, Hermalcibiades, y así sucesivamente. Acerca de estas palabras compuestas, está en disputa el que indicaran una herma con la cabeza de Atenea, o con una cabeza doble (al estilo de Jano) de Hermes y Atenea, o una estatua compuesta por ambas deidades. Los romanos no sólo se apropiaron de los pilares de Hermes para aquellas de sus deidades asimiladas de la mitología griega (como Heracles/Hércules), sino también para los dioses indígenas que mantuvieron su individualidad. Así aparecieron hermas de Júpiter Terminalis (las hermas se identificaban con los termini romanos) y de Silvano. Durante el Imperio, la función de las hermas era más arquitectónico que religioso. Eran usadas para sujetar las cortinas en el interior de las casas, y en el Circus Maximus servían para sujetar las barreras.
[editar] Bibliografía
- Artículo de Pierre Paris, Dictionnaire des Antiquités, Daremberg, Saglio et Potier, París, 1877-1919
- Para la mutilación de las hermas:
- Tucídides vi. 27
- Andocides, De mysteriis
- Grote, Historia de Grecia, c. 58
- H. Weil, Etudes sur l'antiquite grecque (1900)
- Burolt, Griech. Gesch. (ed. 1904), III. ii. p.1287
Las hermas, en el sentido actual de la palabra, son representaciones de Hermes, frecuentemente con la forma de pilares cuadrados más anchos por arriba que por abajo, y más generalmente terminadas con el busto o el torso de una figura humana. Las formas más tardías son muy bellas, destacando las de la mansión Ludovisi en Roma.
Las más antiguas tenían a ambos lados del pilar cuadrado unos salientes (manos, en griego chelres) para colgar de ellos coronas de flores, así como un falo en su parte frontal.
La época de origen de este arte sigue siendo oscura, y no se sabe aún cuándo surgieron. En la última época del arte antiguo se encuentran modelos que unían un torso humano hasta las caderas unido con la columna cuadrangular, y que mostraban incluso movimiento en la figura (como las hermas de Discóbolos en la mansión Ludovisi de Roma). Más tarde la cabeza y la columna solían formar una sola pieza.
Fueron más frecuentes en África, donde servían también como postes de señales en las rutas militares. También se usaron a menudo con esta función de marcas en el Ática.
Si sobre la herma aparecía la imagen de otro dios o héroe diferente a Hermes, se relacionaba el nombre de la herma con el nombre de la cabeza. De esta forma recibía el nombre de Hermares (herma de Ares), Hermathene (de Atenea), Hermerakles (de Heracles), Hermeros (de Eros), Hermapollon (de Apolo), Hermamithras (de Mitras) o Hermalkibiades (de Alcibíades, muy numerosas en Atenas). Como el trabajo era menos laborioso, en el entorno del Arte la representación en forma herma se mantuvo.
Las hermas solían ser desnudas y normalmente masculinas, rara vez aparecen vestidas o con atributos característicos, y con frecuencia presentan inscripciones. De los griegos las hermas pasaron a los romanos (véase Terminus).
HERMAS (ἑρμαῖ, diminutivo Hermuli ἑρμίδια), estatuas compuestas de una cabeza, normalmente la del dios Hermes, colocada sobre un pilar cuadrangular, cuya altura corresponde con la estatura del cuerpo humano.[1] Existen ciertas dificultades sobre la cuestión de su origen y significado como símbolos de Hermes. Una de las más importantes características en la mitología de Hermes es su presidencia sobre el común intercambio de vida, comercio, viajes, caminos, fronteras y demás, y no cabe duda de que era fundamental en tales relaciones dado que éstas eran las que se pretendía que representase en las Hermae de los griegos y en las Termini de los romanos, cuando estas últimas fueron identificadas con las hermas. Es por tanto natural que se busque la existencia de este símbolo en las más antiguas épocas en las que el uso de marcas fronterizas era necesario, y en las que los símbolos tendrían un carácter más simple: un montón de piedras o un bloque de mármol sin tallar. Así, resulta que había en muchas partes de Grecia montones de piedras a los lados de los caminos, especialmente en sus cruces, y sobre las fronteras de los países, que eran llamados ἑρμαῖα o ἑρμεῖα, ἑρμαῖοι λόφοι y ἕρμακες.[2] Se asume que estas pilas de piedras y pilares que marcaban las fronteras eran originalmente símbolos de o fueron posteriormente consagrados al dios Hermes. Aunque no pueda negarse que tales monumentos conmemorativos toscos eran al principio símbolos de diversos dioses parecidos, ya en un periodo muy antiguo llegaron a estar más especialmente relacionados con el culto de Hermes.</ref> Una ἑρμαῖος λόφος cerca de Ítaca es mencionada en La Odisea,[3] Estrabón observó muchas ἑρμεῖα en los caminos de la Élide[4] e incluso en la actualidad puede verse una antigua pila de piedras en la frontera de Laconia.[5] El respeto religioso prestado a tales pilas de piedras, especialmente en las encrucijadas, queda demostrado por la costumbre arrojar una piedra al montón cuando se pasaba junto a él,[6] costumbre que también se observaba respecto a las hermas de épocas posteriores, al menos con las situadas en los cruces de caminos.[7] Tales pilas de piedras también fueron observadas por Estrabón en los caminos de Egipto.[8] Otra forma de marcar una frontera u otra localidad precisa era usar un pilar de piedra, originalmente sin tallar, cuyo carácter sagrado se indicaba vertiendo aceite sobre él y adornándolo.[9] El obelisco egipcio probablemente pertenece a la misma clase de monumentos.
El primer intento en el desarrollo artístico de los bloques de piedra y madera, que en las épocas más antiguas del culto a los ídolos representaba a todas las divinidades, fue añadirles una cabeza, en cuyos rasgo se suponía que se expresaban las características del dios. Más tarde fueron añadidos otros miembros del cuerpo, al principio con un significado simbólico. Estos cambios produjeron las hermas tal como son descritas por los autores antiguos y como actualmente se conservan. El falo formaba una parte esencial del símbolo, probablemente por la divinidad representada por él era en los primeros tiempos, antes de que el culto a Dioniso fuera importado de Oriente, la personificación de los poderes reproductores de la naturaleza. Así es descrito el símbolo por Heródoto, que atribuye su origen a los pelasgos, quienes los transmitieron a los atenienses, y éstos a los demás griegos.[10] Pausanias da la misma versión del asunto,[11] y también afirma que los arcadios estaban particularmente orgullosos de la ἄγαλμα τετράγωνον,[12] que es alguna confirmación de la tradición que remontaba la invención a la época pelásgica.
También en los tiempos históricos de Grecia, era en Atenas donde las hermas fueron más numerosas y veneradas. Tan alta era la demanda de estas obras que los términos ἑρμογύφος, ἑρμογλυφικὴ τέχνη y ἑρμογλυφεῖον se usaban como nombre genéricos para escultor, su arte y su estudio, respectivamente.[13]
En Atenas las casas tenían una de estas estatuas llamadas ἑρμῆς στροφαῖος o στροφεύς colocadas en la puerta[14] y a veces también en el peristilo.[15] Eran adoradas por las mujeres como ayuda a la fecundidad[16] y la gran reverencia que se les prestaba queda evidenciada por la alarma e indignación que se sintieron en Atenas a consecuencia de la mutilación de un gran número de ellas en una sola noche, justo antes de la partida de la expedición marítima a Sicilia.[17]
De la misma forma eran colocadas delante de los templos, cerca de las tumbas, en los gimnasios, palestras, bibliotecas, pórticos y lugares públicos, en las esquinas de las calles, en las carreteras principales como postes indicadores, con las distancias inscritas sobre ellos,[18] y algunas aún pueden ser vistas en Atenas con los nombres de los vencedores de las competiciones gimnásticas inscritos sobre ellas.[19] Incluso fueron usadas como vehículo para la instrucción pública, de acuerdo con el autor del Hiparco,[20] quien dice que el tirano Hiparco colocó hermas en las calles de la ciudad y en los caminos de toda el Ática, inscritas con versos morales como los siguientes:
Μνῆμα τόδ΄ Ἱππάρχου· μὴ φίλον ἐξαπάτα[21]
Las que se erigían en las encrucijadas tenían a menudo tres o cuatro cabezas.[22]
Hay numerosos ejemplos en Pausanias y otros autores de su ubicación en los límites de fincas y estados y en las puertas de las ciudades.[23] También se usaban pequeñas hermas como pilastras y como soportes en muebles y utensilios.[24] Respecto al uso de las hermae y hermuli en el Circo Máximo, véase **TBD**.
Con respecto a la forma de estas obras, las partes esenciales ya han sido mencionadas. Una barba puntiaguda (σφηνοπώγων) correspondía al tipo antiguo.[25] Con frecuencia se colgaba un manto (ιμάτιον) sobre sus hombros.[26] Originalmente las piernas y brazos en general deficientes[27] y, en lugar de brazos, a menudo tenían salientes en los que colgar guirnaldas; pero cuando disminuyó la reverencia por el antiguo tipo y creció la pasión por la novedad, se puso el torso completo sobre un pilar cuadrangular, que se estrechaba en la base, y finalmente el propio pilar se cincelaba para señalar la separación de las piernas, como puede verse en una estatua tetragonal femenina en la Villa Albani.[28] A veces, como se ha dicho antes, la cabeza era doble, triple, e incluso cuádruple. La estatua completa solía ser de piedra o mármol, aunque Cicerón[29] menciona algunas que eran de mármol del Pentélico con cabezas de bronce.[30]
Existían muchas estatuas de otras deidades con la misma forma de las hermas, que sin duda se originaron de la misma manera y a las que se llamaba con el nombre genérico de hermas, aunque el busto no fuera de Hermes. Varias imágenes de este tipo son descritas por Pausanias: una de Poseidón en Tricoloni (Arcadia),[31] otra de Zeus Teleios en Tegea[32] y otra de Afrodita Urania en Atenas.[33] La razón por la que las estatuas de otras deidades se desarrollaron hasta formas perfectas, mientras las de Hermes generalmente (aunque no siempre) retuvieron su antiguo estilo, se debe obviamente al significado religioso asociado al símbolo del pilar, como marca fronteriza. Donde este motivo no importaba, el propio Hermes era representado con forma humana completa y toda la perfección del arte griego, como por ejemplo en la estatuas de las palestras y en las que personificaba otros atributos suyos.[34]
Algunas estatuas de este tipo se describen con un nombre compuesto por los de Hermes y otra deidad. Se tienen así Hermanubis, Hermares, Hermathena,[35] Hermeracles,[36] Hermeros[37] y Hermopan. Se ha discutido mucho sobre si estas figuras estaban formadas por el pilar cuadrado, como el emblema de Hermes, coronadas por el busto de otra divinidad, o si las cabezas de Hermes y el otro dios estaban unidas, como en el busto de Jano, o si las características simbólicas de las dos deidades se combinaban en la misma estatua. Sobre la primera explicación parece poco probable que, tan tarde como en la época de Cicerón, el mero pilar hubiera sido considerado una representación tan adecuada de Hermes como el busto lo era de la otra deidad, la segunda es apoyada por los muchos bustos dobles terminales conservados y la tercera sólo puede ser considerada como una ingeniosa conjetura, que puede ser cierta en algunas obras de un periodo artístico tardío. La segunda parece ser la explicación verdadera en los pasajes de Cicerón.[38]
Hay aún una tercera clase de estas obras, en la que el busto no representa a deidad alguna sino que era simplemente el retrato de un hombre, y en la que el pilar todo su significado simbólico y pasa a ser un mero pedestal. Incluso estas estatuas conservaron sin embargo los nombres de Hermae y Termini. Los ejemplos de este tipo conservados son muy numerosos. C. W. Müller da una lista de estas y otras hermas.[39]
Las hermas de todos los tipos eran muy solicitados por los romanos ricos para decorar sus casas y villas. También se afirmaba que las usaban como postes para enrejados ornamentales de los jardines, en cuyo caso solían estar adornadas con los bustos de filósofos y eminencias, algunos de los cuales pueden verse en los Museos Vaticanos y otros, con agujeros cuadrados en los hombros en los que se intertaban las barandillas. Sin embargo, estos agujeros cuadrados también están presentes de antiguas hermas griegas, en cuyo caso probablemente fueran los huecos para las proyecciones antes mencionadas, de las que se colgaban guirnaldas.
Smith, W. (1890). «Hermae», A Dictionary of Greek and Roman Antiquities. Londres: John Murray.
- ↑ ἡ τετράγωνος ἐργασία, Tucídides vi. 27; τὸ σχῆμα τὸ τετράγωνον, Pausanias iv.33§4, s. 3
- ↑ Hesiquio, ss. vv. Lessing, Böttiger (Andeutungen zu vier und zwanzig Vorträgen ürber die Archaeologie pág. 45) y otros derivan estas palabras, y también el nombre del dios, de ἕρμα, ‘montón’ (comp. Buttmann, Lexilogus oder Beiträge zur griechischen Worterklärung págs. 302, 303). Parecería, en todo caso, que las palabras están relacionadas de alguna forma, si bien es difícil resolver la cuestión de si el dios tomó su nombre del símbolo o viceversa. Para un examen mayor de estos asuntos pueden consultarse las obras en las que se discuten exhaustivamente:
- Zoega, Jörgen (1797). De origine et usu obeliscorum, 217.
- Gerhard, Eduard (1845). De Religione Hermarum. Berolini, 4to..
- Everard, Otto (1714). De Diis Vialibus Plerorumque Populorum Dissertatio, c. 7.
- Müller, Karl Otfried (1835). Handbuch der Archäologie der Kunst, § 66.
- Ludwig Preller, en la Pauly-Wissowa, s. v. «Mercurius», vol. iv. pág. 1845.
- ↑ Homero, La Odisea xvi.471
- ↑ Estrabón viii pág. 343
- ↑ Ross, Ludwig (1841). Reisen im Peloponnes, i.18, 174.
- ↑ Nicandro, Theriakà 150
- ↑ Anthologia Graeca loc. infra cit.
- ↑ Estrabón xvii. pág. 818
- ↑ Teofrasto 16, comp. Génesis xxviii.18, 22, xxxi.45-48, donde tanto el pilar como la pila de piedras se erigen como testigos, xxxv.14
- ↑ Heródoto ii. 51; Plutarco, An seni res publica gerenda sit 28.797 y sig.; Cicerón, De natura deorum iii. 22; comp. la nota de Creuzer, en la edición de Heródoto de Bähr
- ↑ Pausanias i.24§3, iv.33§3 s.4
- ↑ Pausanias viii.48§4 s. 6, donde la estatua aludida es una de Zeus
- ↑ Platón, El Banquete pág. 215 y sig.; Luciano, Somnium i.7, vol. i. págs. 3, 4, 10, 11; y los Lexicones
- ↑ Tucídides vi.27; Claudio Eliano, Varia Historia ii.41; Suda s. v.; Julio Pólux, viii.72; Ateneo x. pág. 437, b.
- ↑ Luciano, Navig. 20, vol. iii. p. 262
- ↑ Véase el bajorrelieve en Boissard, Jean-Jacques (1597-1602). Romanae Urbis Topogrephia, parte 1.
- ↑ Tucídides vi. 27, con la nota de Poppo; Andócides, Sobre los misterios; Aristófanes, Lisístrata 1093, 1094 y escolio. Aristófanes aplica el término ἑρμοκοπίδαι a los mutiladores (véase también Focio s. v. ἑρμοκοπίδαι).
- ↑ Böckh, August (1828-1877). Corpus Inscriptionum Graecarum, nº 12.; Böckh, August (1856). Epigraphisch-chronologische Studien, nº 234.; Brunck, Richard François Philippe (1772-1776). Analecta veterum Poetarum Graecorum, iii, 197.; Anthologia Planudea iv. 234; los otros epigramas sobre hermas, nº 255 y 256, merecen atención
- ↑ Leake, William Martin (1821). The topography of Athens. Londres: J. Murray, 17, nº 1.
- ↑ Hiparco (falsamente atribuido a Platón), pág. 229
- ↑ Comp. Harpocración s. v. Ἑρμαῖ; Hesiquio s. v. Ἱππάρχειοι Ἑρμαῖ, con la nota de Alberti
- ↑ Filócoro p. 45, ed. Siebelis; Harpocración y Etimologías s. v. τρικέφαλος Ἑρμῆς; Focio Hesiquio s. v. τετρακέφαλος Ἑρμῆς; Eustacio, Sobre Homero p. 1353. 3
- ↑ πρὸς τῆ πυλίδι, προπυλαῖος, Pausanias viii.34§3 s. 6, iv.33§3 s. 4, et alib; Harpocración
- ↑ Julio Pólux vii.15, 73; Müller, Karl Otfried (1835). Handbuch der Archäologie der Kunst, §379, n. 2.
- ↑ Artemidoro ii. 37
- ↑ Pausanias viii.39§4; Diógenes Laercio v.82
- ↑ Pausanias los llama ἄκωλοι, i.24§3
- ↑ Winckelmann, Johann Joachim (1764). Geschichte der Kunst des Alterthums, vol. i tav. 1.
- ↑ Cicerón, ad Att. i.8
- ↑ Müller, Karl Otfried (1835). Handbuch der Archäologie der Kunst, § 67.
- ↑ Pausanias, viii.35§6
- ↑ Pausanias, viii.48§4
- ↑ Pausanias, i.19§2
- ↑ Müller, Karl Otfried (1835). Handbuch der Archäologie der Kunst, §§380, 381.
- ↑ Cicerón, Epistulae ad Atticum i.4
- ↑ Cicerón, Epistulae ad Atticum i.10
- ↑ Plinio, Naturalis Historia xxxvi.5 s.4 §10
- ↑ Müller, Karl Otfried (1835). Handbuch der Archäologie der Kunst, § 345 n. 2.
- ↑ Hermes. En Allgemeine Encyclopädie der Wissenschaften und Künste. (1813-1889).
Hermæ. Pillars, smaller at the base than at the summit, which terminated generally with a head of Hermes. In the earliest times, Hermes (in whose worship the number 4 played a great part) was worshipped [especially in Arcadia, see Pausanias, viii 4 § 4; cp. iv 33 § 4] under the form of a simple quadrangular pillar of marble or wood, with the significant mark of the male sex. As art advanced, the pillar was surmounted, first with a bearded head, and afterwards with a youthful head of the god. Hermes being the god of traffic, such pillars were erected to him in the streets and squares of towns; in Attica, after the time of Hipparchus, the son of Pisistratus, they were also erected along the country roads as milestones. Sometimes they were inscribed with apophthegms and riddles, in addition to directions as to the way (sometimes also with inscriptions in honour of those who had fought bravely for their country. Dem., Lept., 112 ; Æschines, Or. 3 § 183.) In Athens there was an especially large number of them ; in the marketplace to the N.W. of the Acropolis, the Hermæ, erected partly by private individuals and partly by corporations, formed a long colonnade extending between the Hall of Paintings (stoa poikile) and the King's Hall (stoa basileios). Accordingly, the latter was sometimes called the Hall of Hermæ. When the heads of other divinities (such as Athene, Heracles, Eros) were placed on such pillars, these were then called Hermathene, Hermeracles, Hermeros.
Seyffert, O. (1894). «Hermæ», A dictionary of classical antiquities, mythology, religion, literature and art. Londres: W. Glaisher, 285-286. OCLC 2162274.

