Historia del capitalismo

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Fernand Braudel sitúa los orígenes del capitalismo en la Edad Media, en algunas pequeñas ciudades comerciantes

El tema de la historia del capitalismo, en sus orígenes, fue fuente de grandes debates sociológicos, económicos e históricos desde el siglo XIX. Tanto los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilización, pero el capitalismo como sistema económico, en teoría, no apareció hasta el siglo XVI en Inglaterra sustituyendo al feudalismo. Según Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a "realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras". De esta forma al capitalismo, al igual que al dinero y la economía de mercado, se le atribuye un origen espontáneo o natural dentro de la edad moderna. [1]

Este impulso natural hacia el comercio y el intercambio fue acentuado y fomentado por las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las grandes travesías y expediciones de los siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio, sobre todo tras el descubrimiento del Nuevo Mundo y la entrada en Europa de ingentes cantidades de metales preciosos provenientes de aquellas tierras. El orden económico resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo objetivo principal consistía en intercambiar bienes y no en producirlos. La importancia de la producción no se hizo patente hasta la Revolución industrial que tuvo lugar en el siglo XIX.

Sin embargo, ya antes del inicio de la industrialización había aparecido una de las figuras más características del capitalismo, el empresario, que es, según Schumpeter, el individuo que asume riesgos económicos no personales. Un elemento clave del capitalismo es la iniciación de una actividad con el fin de obtener beneficios en el futuro; puesto que éste es desconocido, tanto la posibilidad de obtener ganancias como el riesgo de incurrir en pérdidas son dos resultados posibles, por lo que el papel del empresario consiste en asumir el riesgo de tener pérdidas o ganancias.

El camino hacia el capitalismo a partir del siglo XIII fue allanado gracias a la filosofía del Renacimiento y de la Reforma. Estos movimientos cambiaron de forma drástica la sociedad, facilitando la aparición de los modernos Estados nacionales (y posteriormente el Estado de Derecho como sistema político y el liberalismo clásico como ideología) que proporcionaron las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo del capitalismo en las naciones europeas. Este crecimiento fue posible gracias a la acumulación del excedente económico que generaba el empresario privado y a la reinversión de este excedente para generar mayor crecimiento, lo cual generó industrialización en las regiones del norte.

Contenido

[editar] Diversas lecturas

Karl Marx comprendió este sistema de producción como una etapa de la historia de la humanidad marcada por la lucha de clases, el símbolo del triunfo de la burguesía sobre la nobleza, pero lo condenó a ser derrocado por el proletariado. Los sociólogos alemanes de principios del siglo XX han puesto por delante explicaciones culturales y religiosas para explicar su emergencia; Werner Sombart lo asocia con la mentalidad judía, Max Weber a la ética protestante. Más recientemente historiadores, como Fernand Braudel, se interesaron por la evolución en el tiempo largo de esta "civilización" remontándose hasta la Edad Media.

Tan pronto como se empieza a hablar de ella, la historia del capitalismo genera numerosas polémicas, sujeta a la confrontación entre las grandes corrientes políticas y económicas: imperialismo, colonialismo, desigualdad social, crisis económicas, explotación, pero también democracia, libertad, desarrollo, derechos civiles, riqueza y abundancia; siendo los términos que surgen en el debate.[2]

[editar] Orígenes de una civilización

[editar] El capitalismo medieval

El gran canal de Venecia, por Turner (v. 1835)

Para Fernand Braudel (la Dinámica del capitalismo, 1985), el capitalismo es una "civilización" con raíces antiguas, ya habiendo conocido horas prestigiosas, tales como las grandes ciudades-estados comerciantes: Venecia, Amberes, Génova, Amsterdam, etc. pero las actividades son minoritarias hasta el siglo XVIII. Werner Sombart (El capitalismo moderno, 1902) fecha la emergencia de la civilización burguesa y del espíritu de empresa en el siglo XIV, en Florencia.

[editar] Comercio medieval

Así como lo muestra Braudel, encontramos en la Edad media las primeras manifestaciones del capitalismo comercial en Italia y en los Países Bajos. El comercio marítimo con Oriente, en respuesta a las cruzadas, enriqueció a las ciudades italianas, mientras que en los Países Bajos, a la desembocadura del Rin, que hacía el lazo entre Italia y Europa del Norte, dominada por la Liga Hanseática. En las grandes ciudades, los vendedores de paños y de las sederías adoptan métodos capitalistas de gestión. Efectúan ventas al por mayor, establecen mostradores y venden sus productos en conjunto en las grandes ferias europeas. Se abastecen de materias primas tanto en Europa como en Levante. En esta época turbada de la Edad media, ajustan sus pagos por letras de cambio, menos peligrosas que el transporte de metales preciosos. De esta forma, lógicamente se desarrollan, en paralelo del capitalismo comercial, las primeras actividades bancarias del capitalismo financiero: depósitos, préstamos sobre prendas, letra de cambio, seguros para las embarcaciones.

Rutas y ciudades de la Liga Hanseática

Estos capitalistas se enriquecen extendiendo su influencia económica sobre el conjunto de Occidente cristiano, creando así lo que Braudel llama una "economía-mundo". En su análisis, Braudel distingue la "economía de mercado" del capitalismo, este último constituyendo un tipo de "contra mercado". Según él, la economía de mercado (es decir la economía local en aquella época) está dominada por las reglas y los cambios leales, porque sometida a la competencia y a la transparencia relativa, el capitalismo intenta evitarlo en el comercio lejano con el fin de librarse de reglas y de desarrollar cambios desiguales como nuevas fuentes de enriquecimiento.

Podemos observar que desde la Antigüedad, sistemas idénticos habían sido puestos en práctica por los fenicios, griegos, los Cartagineses y los romanos. Estos sistemas fueron marcados no obstante más por el imperialismo y el esclavismo que por el capitalismo. A través del mundo, otras formas de capitalismo comercial se desarrollaron de manera precoz en la época feudal (bajo la dinastía Ming en China por ejemplo).

[editar] Vida urbana

En las grandes ciudades especializadas de Europa, el artesanado, volcado esencialmente hacia la exportación, está dominado por los grandes comerciantes y pañeros, aunque las relaciones económicas entre artesanos y vendedores se emparientan en el salariado. Los comerciantes controlan a la vez la adquisición de materias primas río arriba y la venta de los productos terminados río abajo.

La población urbana ya se diferencia en varias clases económicas distintas y ricas para algunos, pobres para otros. La ciudad de Florencia es el ejemplo perfecto: encontramos allí muy temprano a banqueros que desarrollan sucursales a través de Europa y esclavizan la industria en búsqueda de su provecho. Entre ellos grandes familias, tal es el caso de los Médicis, quienes crean las primeras relaciones "privilegiadas" entre el mundo de los negocios y el mundo político.

Justo también en este periodo el matematico Luca Pacioli fija las bases del comercio al crear los Estados Financieros en los que se fija la terminologia y la manera de calcular las relaciones comerciales básicas , por lo cua Florencia brillara durante mucho tiempo como el principal centro bancario de Europa

[editar] Aparición de las bolsas a finales de la Edad Media

Según Fernand Braudel, la aparición de las primeras Bolsas ocurre en el siglo XIV en estas ciudades italianas donde el comercio es permanente (contrariamente a las ferias medievales que se celebran sobre períodos limitados) y donde se concentran lo esencial de las actividades financieras.

Es no obstante la creación en 1409 de la Bolsa de Brujas, un hotel dedicado al intercambio de mercancías, letras de cambio y efectos de comercio, que marca un punto de inflexión en el desarrollo de las actividades financieras. El plaza se impone rápidamente gracias a la abertura de su puerto, gracias a la fama de sus ferias comerciales y gracias al clima de tolerancia y de libertad que aprovechan vendedores e inversionistas de todo origen. Son los mismos triunfos que permitirán luego a la plaza de Amberes (creada en 1460) desarrollarse al principio del Renacimiento. Se podía leer en su frontis: Ad usum mercatorum cujusque gentis ac linguae ("Para uso de los vendedores de todos los países y de todas lenguas").

[editar] Renacimiento y Reforma

[editar] La ética protestante

Max Weber (en su obra La Ética protestante y el espíritu del capitalismo escrita en 1904/05) considera que la emergencia del capitalismo moderno data de la Reforma. Teniendo como base una acta sociológica, vincula el espíritu del capitalismo moderno a la mentalidad protestante y lo ve pues como el resultado de una evolución lenta nacida de la Reforma, y más generalmente de una evolución religiosa que se hace en el sentido de un "desencanto de la gente". Observamos por otra parte que formas esporádicas de capitalismo financiero habían sido desarrolladas desde hace mucho tiempo por los lombardos y los judíos, no sometidos a las coacciones religiosas del catolicismo. Es por otra parte a éstos últimos que Werner Sombart (El Capitalismo moderno) atribuirá el génesis del capitalismo moderno.

Según Weber, el capitalismo occidental corresponde a la aparición de un espíritu nuevo, de una revolución cultural. Weber empleo entonces el término capitalismo moderno "para caracterizar la búsqueda racional y sistemática del provecho por el ejercicio de una profesión". Más que la riqueza, cuyo deseo no es nuevo, es el espíritu de acumulación que se impone como vector de ascensión social.

Esta nueva ética se difunde gracias a la emergencia de nuevos valores: el ahorro, la disciplina, la conciencia profesional. Esta última permite por ejemplo la aparición de una élite obrera que, más allá del salario, se preocupa de la calidad de su obra. El trabajo se hace un fin en sí. En paralelo emerge un personaje emblemático, el empresario, que busca un éxito profesional provechoso a la sociedad en conjunto.

El contexto favorable para esta evolución de los valores es el de la Reforma. Para Max Weber, la ética del oficio viene del luteranismo que anima a cada creyente a seguir su vocación, y que hace del éxito profesional un signo de elección divina. En efecto, los creyentes ordinarios, sabiendo que no tienen la maestría de su salvación (lógica de la predestinación), intentan ardientemente encontrar en su vida privada los signos de esta predestinación, como el éxito profesional, con el fin de atenuar su angustia enfrente de la muerte y frente del juicio que la sigue. Por otro lado el informe directo a Dios preconizado por la religión protestante acelera el proceso de "desencanto del mundo" (Suprimiendo el número de prácticas religiosas por ejemplo), lo que concurre a la emergencia de la racionalidad. Ya, Karl Marx había observado un proceso de desengaño escribiendo:

"La burguesía (...) Ahogó los escalofríos sagrados del éxtasis religioso, del entusiasmo caballeresco, del sentimentalismo a cuatro céntimos en las aguas helados por el cálculo egoísta."
Manifiesto del Partido Comunista, 1848.

Esta racionalización permite la aparición de nuevos dogmas que fundan el espíritu del capitalismo:

"La repugnancia en el trabajo es el síntoma de la ausencia de gracia.",
"El tiempo es precioso, infinitamente porque cada hora perdida es sustraída del trabajo que concurre a la gloria de Dios."
Max Weber, La Ética protestante y el espíritu del capitalismo.

Max Weber ilustra sus propósitos en un texto de Benjamin Franklin, revelador según él de las nuevas mentalidades:

"El que pierde cinco chelines pierde no sólo esta suma, sino que también todo lo que habría podido ganar utilizándole en los asuntos, lo que constituirá una cantidad de dinero considerable, a medida que el hombre joven envejezca."
Advice to a young tradesman, 1748.

Las tesis de Weber han sido muy criticadas. El lazo entre el dogma de la predestinación y el espíritu del capitalismo es muy paradójico, debido a que un fiel tiene que buscar signos de elección mientras que el dogma afirma la predestinación como de de todas maneras impenetrable. Historiadores invalidan esta concomitancia de ambos fenómenos (Braudel por ejemplo, que fecha el capitalismo en un período anterior a la Reforma).

[editar] El espíritu de innovación

La Biblia de Gutenberg (14501454), una de las primeras producciones estandarizadas en gran número

Según Lewis Mumford (Técnicas y civilizaciones, 1950), el sistema técnico del Renacimiento anuncia el futuro económico del mundo occidental.

El siglo XV vive por ejemplo la puesta a punto de la imprenta en caracteres móviles (la "tipografía") de Gutenberg. Cuidadoso de preservar mientras puede los secretos de sus búsquedas, forzado a préstamos monetarios importantes, es en cierto modo el arquetipo de los futuros capitalistas. Su objetivo es responder a una petición insatisfecha: la petición de cultura de los espíritus cada vez menos analfabetos del Renacimiento. Si era preciso hacer publicaciones en gran escala de libros mayores, rápidamente va a surgir la petición de realizar una producción más diversificada. La difusión de la Biblia a uso personal contribuye al vuelo de la Reforma, mientras que ésta aumenta a cambio la demanda. En parte permitida por los progresos de la metalurgia, la tipografía le abastece a cambio de desembocaduras. Interés por la mecánica, las primicias de la "standardización", producciones de grandes series, preocupaciones de la "productividad" y el espíritu de innovación... Si bien habrá que esperar para ver avances similares en la industria textil y así estimular el despegue industrial, la imprenta muestra bien que el mantillo del capitalismo es más antiguo. Respecto a la imprenta, Max Weber hace ver que ya existía desde hace mucho tiempo en China y seguramente en la India, pero como numerosas técnicas, heredadas a veces de la Antigüedad (la fuerza del vapor fue conocida por ejemplo en el Antiguo Egipto), debió esperar para poder insertarse en un conjunto de técnicas coherentes y complementarias para poder imponerse. No lo hizo por otra parte sin encontrar oposición, particularmente por parte de los copistas medievales.

[editar] Hacia un nuevo sistema técnico

El nuevo sistema técnico que surge en el Renacimiento permite la irrupción de ciertos principios del capitalismo moderno como el mejoramiento de la productividad, la economía de mano de obra, el aumento de la producción en volumen y su diversificación, e incluso la inversión. Se apoya en algunas innovaciones como el alto horno, la imprenta o el sistema biela-manivela, el aumento en potencia de los grandes sectores industriales (metalurgia, explotación minera) y la utilización corriente de una fuente de energía (hidráulica). Este sistema, que persistirá hasta mediados del siglo XVIII, arrastrará la adopción de un sistema social que servirá para sembrar el inicio de un capitalismo naciente y enterrar un régimen feudal que no habrá sabido inscribirse en esta mudanza en profundidad.

[editar] El mercantilismo

A partir del siglo XVI, el pensamiento económico ya no está dominado más por los teólogos, sino por los pensadores laicos que se preocupan en primer lugar de la fuerza del Estado: los mercantilistas. Con el fin de asegurar la expansión de la riqueza del Príncipe, los valores religiosos son olvidados. Poca importancia tiene que la usura sea un pecado o no, los gobernantes no se preocupan más que tal o cual política comercial no sea cristiana: solo cuenta la Razón de Estado. Este pensamiento no es el del capitalismo, visto que se preocupa sólo de la importancia de la fuerza del Estado y no del desarrollo de la riqueza particular. No obstante, primero porque contribuye eliminando los valores religiosos, luego porque puede encontrar interés en el desarrollo de los asuntos particulares, prepara las evoluciones futuras. A menudo la creación de monopolios por el Estado constituía un compromiso entre el enriquecimiento de los vendedores y el involucramiento de la fuerza pública en las actividades más lucrativas. Fue por ejemplo el caso de las diferentes Compañías de Indias.

[editar] Evoluciones jurídicas y monetarias

En el siglo XVII, Holanda adquiere importantes factorías en la India y desarrolla el comercio de las especias, de la pimienta en particular; se estableció en Japón y comercia con la China. Se hace el nuevo centro de la "economía-mundo" según Braudel. En 1602, funda la primera Compañía de las Indias Orientales: es la primera gran "sociedad por acciones". Sus dividendos a menudo ascendían 15, hasta 25%. De 3100 florines, las acciones subieron hasta los 17000 florines a finales del siglo. Estas acciones estuvieron sometidas a especulaciones incesantes, alimentadas por los rumores más infundados, incluso por campañas organizadas de desinformación. La Compañía emitió también obligaciones. La Compañía Británica de las Indias Orientales tomaría después el relevo y el modelo inspira la creación de compañías en la industria metalúrgica y textil, el papel, etc.

Salida de los veleros de la Compañía holandesa de las Indias Orientales, por Hendrick Cornelisz (v. 16301640)

En paralelo, el flujo de oro desde las colonias de América permite a partir del siglo XVI una estimulación de los cambios, un perfeccionamiento de los métodos de pago y de las técnicas monetarias. Las primeras monedas divisionarias son golpeadas, las monedas fiduciarias vivirán una expansión importante, los primeros billetes aparecen. En el resto del mundo, los cambios quedan limitados por el uso de "monedas metálicas en la infancia".

Holanda conoce también la primera burbuja especulativa de la Historia, la Tulipomanía. En los años 1630, el precio de los tulipanes vive una elevación fuerte, al alcanzar a veces la cebolla el precio de una casa burguesa. Cuando esto se volvió manifiestamente irracional, el primer crack de la Historia se produjo.

[editar] La emergencia del capitalismo

El Síndico de los pañeros, por Rembrandt (1662). Obra de encargo, simboliza tanto el éxito de la burguesía así como la pujanza de Amsterdam

No obstante, la emergencia del capitalismo es asociada más a menudo con las primicias de la revolución industrial, y en particular al siglo XVIII. Las formas modernas de propiedad privada de los medios de producción y de salariado se desarrollan durante este período.

[editar] Evolución de las relaciones sociales

Durante el período artesanal, el capitalismo conoce formas anteriores a la fábrica o a la manufactura. La agricultura induce períodos de actividad débil (la temporada muerta sobre todo) y los fabricantes de las ciudades se interesan rápidamente por esta mano de obra regularmente ociosa. El trabajo a domicilio, o "domestic system", va a desarrollarse. Les permite a los artesanos y fabricantes cederles en subcontacto una parte de su producción a las familias campesinas. En el marco más específico de "putting-out system", los empresarios abastecen a los trabajadores rurales (y siempre a domicilio) de materias primas, incluso instrumentos, luego vienen para recuperar a cambio de un salario el producto transformado, que será a veces terminado en los talleres urbanos. Este sistema tiene, por ejemplo, un interés superior en el marco de la producción textil. Si no se puede cualificar tales métodos de capitalistas, son muy anunciadoras de las futuras relaciones sociales entre empresarios y asalariados.

[editar] Signos de declive del artesanado

El spinning-jenny de James Hargreaves, inventado en 1765, decuplicaba la productividad del hilandero; 20000 fueron vendidas antes de 1790

Las innovaciones de principios de la revolución industrial quedan accesibles a los pequeños artesanos (cf. imagen del "spinning-jenny" al lado) y todavía no requieren la concentración del capitalismo industrial. Asistimos sin embargo a las primeras grandes concentraciones esporádicas, sin lazo con el maquinismo vinculadas a producciones particulares, por ejemplo como la impresión sobre tela. Esta última necesita terrenos extendidos con el fin de blanquear las telas, piezas inmensas donde secarlos. Requiere herramientas diversificadas y complejas, y arrastra cantidades importantes de telas y colorantes. Tras esto, necesita la reagrupación de obreros especialistas en tareas distintas. Finalmente, las numerosas formas de producciones, todavía no mecanizadas, se llevan las primeras grandes concentraciones de capitales y de mano de obra.

La cuestión de la accesibilidad del capital a los más humildes es esencial en el análisis marxista. En efecto, Marx distingue dos formas diferentes de propiedad privada: la del trabajador que posee la fuerza de trabajo y la vende al capitalista y la burguesía que posee los medios de producción y emplea la fuerza de trabajo de los proletarios. La primera forma histórica corresponde al desarrollo del artesanado y de la pequeña agricultura. La segunda forma, vinculada a la apropiación de los medios de producción por la burguesía (o la nobleza), permite la aparición de la gran industria, las grandes propiedades agrícolas, del trabajador asalariado y pues del conjunto de los mecanismos que fundan el modo de producción capitalista.

[editar] Apropiación de las tierras

En el campo, el sistema feudal perdura mucho tiempo (la servidumbre es abolida sólo en 1861 en Rusia, lo que lo hace un caso excepcional). En 1727, la Enclosure Act (Acta de campos cerrados) permite a los "lords" británicos apropiarse y cercar los campos. Antes, la propiedad volvía a los municipios, y los campos fueron explotados por el conjunto de los campesinos locales quienes juntos sacaban provecho de las cosechas. No obstante los primeros campos cerrados son más antiguos y datan del siglo XV. Los trastornos que provocan ya marcan los espíritus de la época: Tomás Moro ya denuncia en Utopía (1516) las consecuencias sociales de los balbuceos del capitalismo naciente y describe un mundo alternativo, un imaginario marcado por un estilo de vida que se emparienta con el comunismo. El proceso largo de cercado de campos y el impuesto de los derechos de propiedad sobre los campos va a crear una distinción nítida entre el propietario y el asalariado (los antiguos pequeños explotadores se hacen los asalariados de los "landlords"). Francia conoce en este campo un fenómeno diferente al principio del siglo XIX: el Código Civil de Francia, que dispersa las tierras entre los herederos en el momento de la defunción, frenando el desarrollo de las grandes propiedades del capitalismo agrícola.

Primera página de la edición original del Código Civil Francés de 1804

En plena transición demográfica, esta apropiación es el hecho de un interés nuevo para el mundo agrario por parte de las élites británicas, que desean desarrollar una agricultura a alto rendimiento, y lucrativa, basándose en el modelo de Holanda y de Flandes. Esta apropiación conllevará inmediatamente una actividad e inversiones importantes, por el mismo hecho de la instalación de las cercas. Sobre el modelo de las Islas Británicas, la propiedad privada de las tierras se extiende a través de Europa y de las Américas, no sin encontrar oposiciones, particularmente morales:

"El primero que había cercado un terreno se le ocurrió decir: esto me pertenece, y encontró a gente bastante simple para creerlo, siendo el verdadero fundador de la sociedad civil. Que de crímenes, de guerras, de homicidios, que de miserias y de horrores no hubo escatimado en absoluto al género humano el que, sacando las estacas o colmando el foso, les hubo gritado a sus semejantes: "Absténganse de escuchar a este impostor; ¡ustedes están perdidos si olvidan que los frutos de todos son, y que la tierra no pertenece a nadie!""
Jean-Jacques Rousseau, Discursos sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad en los hombres, 1755

La legitimidad histórica del capitalismo agrario esencialmente se encuentra en su efecto directo: la Revolución agrícola. Así como lo mostró Max Weber, la introducción de la idea de provecho individual permitió la emergencia del racionalismo en la producción, la fuente principal de la productividad:

"Cuando los frutos de todos son y que la tierra no pertenece a nadie, la tierra produce sólo brezos y bosques."
Jean-Baptiste Say

Los progresos de la agricultura capitalista fueron necesarios para alimentar a una población y el crecimiento exponencial (lo que pasa en Gran Bretaña, la población aumenta de 6 a 18 millones entre 1750 y 1850) hacía temer a los más pesimistas (Thomas Malthus en particular) sobre un fin desastroso.

[editar] El advenimiento político del capitalismo

Según Braudel, el capitalismo puede establecerse profundamente sólo allí dónde las leyes se lo permiten y aseguran su abertura:

"Hay condiciones sociales que empujan y le dan éxito al capitalismo. Éste exige cierta tranquilidad del orden social, así como una cierta neutralidad, o debilidad, o complacencia del Estado."
La Dinámica del Capitalismo.

La constitución de economías capitalistas tales como las conocemos supuso entonces importantes cambios legislativos que instauraban la propiedad privada del capital y un mercado del trabajo. Para Karl Marx, estos cambios son sólo la manifestación de la toma del poder en el seno del Estado por la burguesía, una de las etapas esenciales de la lucha de clases.

[editar] Propiedad privada y medios de producción

En Gran Bretaña, el voto del Enclosure Act marca el advenimiento de la propiedad privada del capital, es seguido en el siglo XIX de la liberalización del accionariado. En 1825, la Bubble Act, que limitaba el tamaño de las empresas, es revocado. En 1856, la creación de sociedades anónimas es liberada de toda coacción. Es el principio de la dominación de las teorías del laissez-faire (dejar hacer), deseando limitar la intervención del Estado en la economía: ideología difundida en Gran Bretaña por los autores de la escuela clásica inglesa.[3]

En Francia, en respuesta a los movimientos revolucionarios de la capital, los castillos de los campos son asaltados a fines de julio de 1789 por los campesinos que discuten la propiedad señorial. En la noche del 4 agosto de 1789, los privilegios de la nobleza son abolidos y la hacienda es abierta desde entonces a la burguesía, mientras que la desaparición de numerosos impuestos del Antiguo Régimen permite de (re)lanzar la inversión. El 26 de agosto, la propiedad privada, "bajo los auspicios del Ser supremo", es reconocida en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano como un derecho inalienable.

En los Estados Unidos, desde la colonización, la propiedad privada de las tierras fue la regla. No obstante, la legislación americana pudo mostrarse muy favorable hacia los menos ricos y supo, gracias a la inmensidad del territorio, hacer de la propiedad privada de la tierra una noción fundamental defendida por los más humildes (no esclavos). Una ley de 1862 les concede en efecto la propiedad privada de 160 agrimensuras a los pioneros. La Homestead Act, ofrece un jardín para que cultiven los europeos desprovistos, estimulando los flujos migratorios hacia los Estados Unidos.

[editar] Mercado del trabajo

En Gran Bretaña, los economistas clásicos de finales del siglo XVIII y de principios de siglo XIX van a concentrar sus críticas en las leyes establecidas con el fin de permitir la emergencia de leyes que favorezcan el mercado. Heredados del siglo XVII, las poor laws británicas ofrecían vía las parroquias una asistencia a los indigentes otorgándoles un trabajo de workhouses, incluso les daban de limosna algunos productos necesarios para su supervivencia. Los grandes clásicos de la economía (Adam Smith, Thomas Malthus y David Ricardo) se ensañaron contra este sistema que impediría la movilidad de los trabajadores. En 1834, la casi derogación de estas leyes fuerza a los pobres a mudarse a la ciudad con el fin de evitar el hambre, encontrando por la venta de su fuerza de trabajo los recursos necesarios para su supervivencia.

En Francia, la constitución del mercado del trabajo y la libertad de los capitales es permitida en junio de 1791 por la Loi Le Chapelier, que prohíbe toda libertad de asociación: corporaciones, asociaciones y coaliciones (es decir sindicatos y paros).

En los Estados Unidos, es la 13º enmienda de la Constitución que abole la esclavitud el 18 de diciembre de 1865, que concluye la liberalización del trabajo en conjunto de los sectores de actividad.

[editar] Historia del capitalismo moderno

[editar] Introducción

La máquina a vapor, ejemplo típico de la necesaria concentración de los capitales

Mientras que la legislación favorezca la burguesía, la revolución industrial se embala a inicios del siglo XIX. Las producciones cada vez más importantes en volumen, y los productos cada vez más complejos, necesitan inversiones cada vez más grandes. Es el caso en la industria naciente, pero también en la agricultura donde las grandes máquinas (las segadoras trilladoras desde 1834) hacen su aparición. La desviación creciente entre el coste de estas máquinas y los salarios, así como la limitación de los bienes comunes y la dureza del trabajo, contribuyen segmentando la sociedad en dos grupos muy distintos: los propietarios del capital, y aquellos a los que Marx llamará más tarde los "proletarios". Las fábricas se desarrollan, los campesinos son llevados desde sus campos para reunirlos en las ciudades y vender su fuerza de trabajo en la industria.

En un siglo, el triunfo del capitalismo industrial transformó una sociedad tradicional, rural y agrícola, en una sociedad urbana e industrial. El éxodo rural, combinado en la explosión demográfica, despobló los campos y los obreros llegaron para amontonarse en los suburbios de las grandes ciudades industriales. Esta concentración humana, asociada con la miseria obrera y con la desocupación (la "armada de reserva" descrita por Marx), contribuye a la emergencia de la conciencia de clase en el seno del proletariado. Antes una miseria agrícola por lo menos igual, posiblemente a menudo peor no arrastraba tales problemas sociales a causa de la ausencia de concentración. Los paisajes se transformaron profundamente, las "ciudades hongo" se multiplican, los grandes centros económicos se reconstruyeron (París por Haussmann), las regiones carboneras son desfiguradas, entre otros cambios tormentosos.

Siempre al plano social, el "capitalismo gerencial" (Alfred Chandler, La mano visible de los gerentes) que emerge a la vuelta de los dos siglos provoca nuevas distinciones entre "propietarios", "empresarios", "obreros" y "gerentes". Desde entonces, los provechos de los propietarios son cada vez menos legítimos y se emparientan a una renta, ya que no es más que la remuneración de su talento como emprendedor. No obstante, las familias ricas de rentistas son reemplazadas por empresarios de genio dados a fines del siglo XIX (Siemens, Edison, Ford y más recientemente Bill Gates), como la fue en su tiempo la nobleza.

Después de la Segunda Guerra mundial, un período de fuerte crecimiento económico, "Treinta Gloriosos" (Jean Fourastié) en Francia, lleva a numerosas economías del Norte a la sociedad de consumo, mientras que se impone una clase media, mientras que los niveles de vida tienden a uniformarse.

El último cuarto del siglo XX es marcado por la abertura creciente de los mercados financieros y por la nivelación de los niveles de vida. Los accionistas minoritarios se multiplican, el accionariado asalariado se desarrolla, así como los fondos de pensiones en los países anglosajones. Pero sobre todo, a finales del siglo XX es marcado por la caída del sistema económico alternativo ejercido en los países del "bloque comunista" (entre los que algunos consideran que constituían de verdad una forma estatal del capitalismo)[4] teniendo en lo sucesivo economías de transición. El capitalismo entonces es dominante bajo su forma liberal, pero sectores con modos diferentes de funcionamiento coexisten (economía social, economía pública, profesiones liberales), éstas representan entre el 50 y el 60% del PIB en los países desarrollados, lo que hace relativo el peso de la economía capitalista en estas sociedades.

[editar] Asentamiento de la economía de mercado

Según Karl Polanyi (La Gran Transformación, los orígenes de nuestro tiempo, 1944), Occidente conoció desde finales del siglo XV, una generalización de las relaciones del mercado. Nota sin embargo que la preponderancia de éstos sobre las relaciones tradicionales, basadas por ejemplo en el don, la servidumbre, el trabajo en equipo se vuelve efectiva sólo en el siglo XIX. Es en efecto durante este período cuando se coloca en Occidente una civilización cuya economía reposa en el mercado autorregulador, el Estado liberal, el patrón oro como el sistema monetario internacional, y el equilibrio fuerzas desde el fin de las guerras napoleónicas.

Para describir esta transformación, K. Polanyi repite el ejemplo del advenimiento del mercado del trabajo en Gran Bretaña. El sistema tradicional encuadraba el trabajo debido a importantes restricciones jurídicas. Las corporaciones imponían reglas, más basadas en la costumbre que en las leyes del mercado, concerniendo tanto las relaciones entre dueños, compañeros y aprendices, como las condiciones de trabajo o los salarios. Estos últimos fueron por ejemplo anualmente evaluados por funcionarios.

Pero hacia 1795, jueces de Speenhamland, un pueblo de Gran Bretaña, habían decidido conceder complementos de salarios, incluso una renta mínima a los indigentes. Esta decisión inspiró Gran Bretaña entera y la instauración de un mercado del trabajo, basado en la idea liberal que sólo el trabajo debe ser fuente de renta, se topaba con la idea caritativa que quienquiera tiene un "derecho a vivir". Este obstáculo, criticado por los clásicos de la economía y algunos filósofos utilitaristas fue finalmente levantado en 1834 con la desaparición de las poor laws.

El dogma del mercado autoregulado se impone entonces en Gran Bretaña (y más tarde en el Reino Unido), y es completado por nuevas medidas que van a formar un sistema coherente propicio para la expansión del gran capitalismo. Con el fin de garantizar la regulación del mercado, se indexa la emisión monetaria sobre el respaldo-oro en 1844. Esta disciplina monetaria, adoptada por la inmensa mayoría de las naciones en la segunda mitad del siglo XIX permite la estabilización, o la autorregulación, al seguir balanzas de pagos, el principio de los puntos de entrada y de salida de oro. Este rigor monetario induce una deflación continua en el siglo XIX que conllevará a una reducción proporcional de los salarios nominales (con el fin de garantizar los provechos), que sólo las duras leyes del mercado pueden imponerles a los trabajadores. También, con el fin de garantizar una estabilidad del poder adquisitivo de los trabajadores, a pesar de la reducción de los salarios nominales, el libre comercio se impone como medio de alimentar la baja de los precios por la importación de productos extranjeros a menores costos, desde la abolición de las Corn Laws (leyes proteccionistas sobre el trigo) en 1846.

[editar] Siglos XIX y XX: historia de la empresa

El capitalismo se hace en el siglo XIX esencialmente familiar (a excepción de algunas grandes sociedades ya evocadas). Los nombres de las grandes familias más conocidas industriales y financieras en nuestros días evocan siempre este período: Rothschild, Schneider, Siemens, Agnelli, etc. Es en una óptica familiar que se desarrolla el gran capitalismo: se ponen de acuerdo para evitar la dispersión de la empresa entre los herederos, mientras que las "fusiones" de la época se hacen por la intervención de alianzas matrimoniales.

En la segunda mitad del siglo, una nueva burguesía se impone, no la de las propietarias pero sí la de los diplomados. En Francia por ejemplo, las Grandes Escuelas abastecen lo esencial de los nuevos empresarios (Armand Peugeot, André Citroën, etc.). Pero la llegada de estos diplomados a la cabeza de las grandes empresas no quebranta sin embargo la tradición familiar:

"En un caso que figura repetido a menudo en las novelas, el ingeniero brillante podía suceder al patrón después de haberse casado con su hija."
(Patrick Verley)

El desarrollo de la legislación sobre las sociedades anónimas (liberalización total en 1856 en el Reino unido, 1867 en Francia y 1870 en Prusia), progresivamente permite a los capitales anónimos juntarse a las grandes dinastías industriales.

En Capitalismo, socialismo y democracia (1942), Joseph Schumpeter advierte que estas evoluciones jurídicas harán finalmente desaparecer la función de empresario-innovador y que "al romanticismo de las aventuras comerciales antiguas sucede[rá] el prosaísmo". La desaparición del empresario, entendido en el sentido del siglo XIX, lleva según Schumpeter a la desaparición de la iniciativa capitalista. La "evaporación de la sustancia de la propiedad" perjudica a la vitalidad de la economía, y aparte sus mismos éxitos, "la evolución capitalista, sustituyendo a un paquete de simples acciones en las paredes y a las máquinas de una fábrica, desvitaliza la noción de progreso". Finalmente, Schumpeter teme que el capitalismo desaparezca en provecho del socialismo.

En el siglo XX, las evoluciones de las producciones, la talla de las empresas y la complejidad de su gestión empujan a numerosos economistas a anunciar el fin del poder de los propietarios del capital en provecho de los "gerentes". John Kenneth Galbraith preve que el poder en el seno de la empresa pasa "de modo inevitable e irrevocable, del individuo al grupo, porque el grupo es el único en poseer las informaciones necesarias para la decisión. Aunque los estatutos de la sociedad anónima colocan el poder en las manos de sus propietarios, los imperativos de la tecnología y de la planificación los despojan para transmitirlos a la tecnoestructura". Prestamos asistencia a una "revolución gerencial" (corporate revolution), donde el gerente toma el relevo del empresario. Los equilibrios entre los diferentes caracteres del capitalismo sutilmente lo transformaron: el objetivo esencial es en lo sucesivo menos el provecho (que preocupaba al empresario propietario) y los dividendos (preocupaciones del accionista) que la ampliación de la empresa y de su prosperidad, entre las que dependen la remuneración y el prestigio de los gerentes. La acumulación del capital se hace la nueva prioridad.

Las evoluciones más recientes de la empresa se traducen no obstante en un regreso a la fuerza de los propietarios. El accionista vuelve a ser la finalidad de la empresa. No se trata generalmente más de un individuo, sino a menudo de un fondo de inversión o de fondos de pensiones, o de bancos encargados de hacer fructificar el ahorro de los depositantes, exigentes que sean pequeños o grandes. La lógica de la "rentabilidad financiera" repite la ventaja sobre la de la rentabilidad económica. Más en condiciones de cumplir estos nuevos objetivos se quedan los gerentes que, aunque habiendo perdido su poder de orientación en provecho de lo que se llamará en lo sucesivo el "gobierno de empresa" corporate governance, obtienen salarios siempre mayores.

Ciertos economistas discuten esta nueva fuerza de los accionistas en el seno de la empresa. Para Joseph Stiglitz (Cuando el capitalismo pierde la cabeza, 2004) las empresas están siempre en las manos de los gerentes y de los contables que no abastecen a los accionistas de los datos efectivos sobre la salud de las empresas y no vacilan en robar a estos últimos vía maniobras financieras incomprendidas, en particular la distribución de stock-option.

[editar] Siglos XIX y XX: capitalismo y salario

[editar] ¿La máquina contra el obrero?

Esta problemática se hace ilustre desde los principios de la primera revolución industrial. Las modificaciones del trabajo y de su organización engendradas por la llegada de máquinas significa para los trabajadores una fuente de cesantía, pero sobre todo de degradación. Adam Smith (Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, 1776) reconoce que el desarrollo del maquinismo y la división del trabajo embrutecen a los hombres y hacen considerarlas como máquinas simples a la hora de realizar el mismo gesto simple cada día. En 1811, los obreros del Nottinghamshire se rebelan, inspirados por la leyenda del célebre Robin Hood, bajo la dirección de un mítico Ned Ludd, para destruir las máquinas, hechas sus enemigas. De allí se inspiraría en 1831 la "rebelión de los Tejedores de seda" (obreros lioneses de la seda).

De hecho, para los capitalistas, la máquina primó mucho tiempo sobre el hombre. Es al último a quien se adapta. Cuando un accidente lo priva de un brazo, se cambia al hombre sin inquietarse por la adecuación de la máquina. Cuando la máquina y algunos de sus componentes son de accesos difíciles, se emplea a los niños, cuya talla permite ir a lugares poco accesibles.

Desde un punto de vista general, los estudios sobre períodos largos mostraron que el resultado de la introducción de las máquinas era más complejo que la competencia única hacia el trabajador, ya que hace también crear nuevos puestos más calificados (aparición de los ingenieros) en paralelo antiguos puestos de obreros. Más tarde, las máquinas pudieron reducir también las penurias y la duración del trabajo cuando su concepción tomaba en consideración esta aproximación. Les permitieron a los hombres acceder también a una sociedad donde los bienes son más abundantes gracias al aumento de la productividad. Ciertos autores, entusiastas de cara a la alta productividad de los sectores primarios y secundarios, confiando en la robotización, no dudaron en profetizar "el fin del trabajo" (Jeremy Rifkin, 1996), y adelantaron el advenimiento de una economía esencialmente concentrada hacia los servicios para las personas ("la producción del hombre para el hombre", según Robert Boyer).

[editar] Los derechos sociales

"Desconsolados, reducidos a la alternativa de morir de hambre o de arrancarle a su dueño por el terror la más pronta condescendencia a su petición. "
Adam Smith, Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, 1776

Bajo la presión del desarrollo del movimiento obrero y de la cuestión social, el legislador tendrá que reaccionar para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Las leyes progresivamente van a mejorar el tiempo de trabajo, las condiciones de trabajo, la edad mínima para trabajar, el acceso a los cuidados, a la "jubilación", etc. Desde 1833 en el Reino Unido con la Factory Act, que limita a las 9 al día el trabajo de los niños de menos de 13 años, se dará un precedente para depurar estas situaciones. Estos progresos humanos lentamente se hacen, en el marco de un informe permanente de fuerzas.

Este período ve también desarrollarse de nuevas formas de solidaridad entre trabajadores que se auto-organizan para hacer frente a un diario vivir duro. Las formas modernas de la economía social se les desarrollan en oposición al capitalismo y les proponen servicios a los asalariados. Primeramente, las primeras mutuales sirven para financiar los entierros, luego extienden su campo de acción al financiamiento de los días de huelgas, luego a las bajas por enfermedad y retiros.

Ciertos grandes dueños no serán insensibles a la miseria del mundo obrero, y se harán ilustres por su paternalismo, por su filantropía y sus métodos de trabajo tanto vanguardistas como competitivos. Robert Owen comenzó así a poner las bases del movimiento cooperativo en su fábrica de New Lanark, proponiéndoles a sus obreros tanto clases nocturnas, como jardines para sus niños.

[editar] Los salarios

Henry Ford

Más tarde, Henry Ford comprenderá que la insatisfacción del obrero, engendrada por los métodos de trabajo tayloristas, se hace en detrimento de la productividad, y propondrá salarios muy por encima del mercado con el fin de limitar la rotación del personal y de ganarse la confianza de una mano de obra vuelta difícil de reclutar sobre puestos poco valorizantes de producción en línea en un período sin paro. Este pensamiento se generalizará y acabará en el "compromiso fordista" de los años 1945-1970, el período sobre el cual la parte de los salarios en el valor añadido va a progresar en detrimento de la parte relativa del provecho. No obstante, la productividad siempre acrecienta asalariados satisfechos de sus salarios, permitiendo aumentar los provechos en lo absoluto: es aquí dónde aparece la idea de compromiso. El fin del compromiso fordista, desde los años 1970 o 1980 según los países, va sin embargo a arrastrar un movimiento inverso siempre corriente, en el cual la parte del provecho progresa rápidamente en detrimento de los salarios.

Modelos más recientes de organización del trabajo, tal como el "toyotismo", invitan al asalariado a hacer parte de sus reflexiones sobre el proceso de producción, permitiéndole hacer una influencia sobre la máquina, o por lo menos de tener la ilusión.

[editar] Siglos XIX y XX: evolución de las posturas políticas del capitalismo

[editar] Capitalismo agrícola contra capitalismo industrial

La Guerra de Secesión es a menudo interpretada como el conflicto de una sociedad tradicional y agrícola oponiéndose a la marcha hacia el capitalismo industrial (Batalla de Fredericksburg, 13 de diciembre de 1862)

La oposición entre los grandes capitalistas agrícolas y otras partes de la población no va a tardar en manifestarse a pesar de la revolución agrícola. En 1776, Adam Smith escribió:

"A los propietarios, como a todos los demás hombres, les gusta recoger allí dónde no sembraron."

El capitalismo agrícola, que procura alimentar la subida de los precios por el proteccionismo (vía Corn Laws), va entonces a oponerse al capitalismo industrial. En 1810, el economista y parlamentario David Ricardo (Ensayo sobre la influencia del precio bajo del trigo) piensa que la apertura del país a las importaciones agrícolas permitirá, gracias a la debilidad del precio de las subsistencias, reducir los salarios y pues favorecer la industria. De hecho, es un lobby de industriales de los textiles (la Anti Corn Laws League) que, al término de una batalla política incierta contra los grandes propietarios de bienes inmuebles, harán revocar las Corn Laws en 1846. El capitalismo liberal consiguió entonces uno de sus primeros triunfos.

A la inversa, en los Estados Unidos, el Sur, que reposa en una agricultura esclavista, es librecambista, mientras que el Norte, que desarrolla un capitalismo industrial, es proteccionista. Durante décadas precediendo la Guerra de Secesión, propietarios del Sur pretextaban por otra parte que la condición del obrero del Norte sólo era raramente envidiable a la del esclavo del Sur. A menudo denunciaban pues el apetito que los capitalistas disimulaban detrás de los discursos abolicionistas. La imposición del capitalismo se tradujo pues por un anclaje profundo de la economía en el proteccionismo que permitió un vuelo rápido de nuevos ramas de la industria.

[editar] Capitalismo y democracia

Según Raymond Aron (Dieciocho lecciones sobre la sociedad industrial, 1962), el capitalismo necesita en su evolución aumentar la calificación de la mano de obra con el fin de garantizar la perennidad del crecimiento económico. Esta calificación aumentada provoca la emergencia de las aspiraciones igualitarias. La sociedad capitalista conduce según él naturalmente a la democracia "porque es fundada no sobre desigualdades de estatuto, sobre la herencia o sobre el nacimiento, pero sí sobre la función cumplida por cada uno". La democratización hace sensible a la población al pleno empleo, a la disminución del tiempo de trabajo, a la reducción de las desigualdades de rentas, lo que finalmente acaba en una intervención creciente del Estado y en una aparición de numerosas formas de contrapoderes.

Para Joseph Schumpeter (Capitalismo, socialismo y democracia, 1942), es la aparición del capitalismo y la emergencia de una élite burguesa que permitió el éxito de la democracia abasteciéndole de hombres capaces de colocar una estructura burocrática eficaz. Si el socialismo también puede ser democrático, es menos apto que el capitalismo:

"Una clase cuyos intereses son los mejor servidos por una política de no intervención pone en práctica más fácilmente la discreción democrática que no sabrían hacerlo clases que tienden a vivir a expensas del Estado".
(Ibid.)

No obstante, por razones similares a las expuestas más tarde por Raymond Aron, la democratización a menudo lleva a una socialización de la democracia y a un retroceso del capitalismo.

Rosa Luxemburg considera que en la sociedad capitalista "las instituciones categóricamente democráticas son, en cuanto a su contenido, sólo unos instrumentos de los intereses de la clase dominante".[5] Según ella, la democracia sería impedida por el funcionamiento del capitalismo, que coloca una sola clase social en la dirección de la sociedad.

[editar] Capitalismo y patriotismo

Según Michel Aglietta (Regulación y crisis del capitalismo, 1976), el éxito del capitalismo en los Estados Unidos está vinculado al "mito de la Frontera". La idea original de la organización de un espacio geográfico gigantesco se habría transformado en una ideología favorable para el capitalismo: "el que expresa la capacidad de la nación americana que polariza las actividades industriales en un sentido de progreso." La asimilación de la ventaja de la gran industria a la construcción de la nación en la conciencia popular habría permitido justificar el conjunto de las degradaciones del proceso de producción (taylorismo, luego fordismo) necesarias para la realización de los provechos de los capitalistas.

"Es por eso que la burguesía industrial pudo hacer avalar posteriormente por el conjunto de la nación las transformaciones tecnológicas inducidas por la plusvalía relativa presentándolos como la edificación de una "nueva frontera"".
(Ibid.)

En la Historia, el patriotismo sería pues un instrumento que permitiría justificar los sacrificios de los trabajadores en provecho del gran capitalismo: es por ejemplo la conclusión que sacarán ciertos "peludos" volviendo de las trincheras de la Primera Guerra Mundial y que comprobará el enriquecimiento nuevo de numerosos industriales. Es cosa de ver la frase de Anatole France: "creemos morir por la patria; morimos para industriales".

[editar] Confrontación de los poderes políticos y los poderes privados

Una de las preocupaciones mayores de la acumulación del capital material fue la acumulación de poder que esto significaba. Las grandes manufacturas durante mucho tiempo han sido controladas estrechamente por el Estado (como por ejemplo las manufacturas de Colbert) con el fin de limitar la constitución de formas de poder privado. La creación de sociedades sin el aval del Parlamento es concedida sólo en 1825 en Gran Bretaña (derogación de la Bubble Act). La liberalización completa de la creación de sociedades anónimas es concluida sólo en 1856 en el Reino Unido.

Hasta antes de la Revolución rusa, es en los Estados Unidos dónde se manifiestan las primeras oposiciones entre el poder político y las grandes empresas capitalistas. El capitalismo bajo la forma del liberalismo económico aparece y preconiza la competencia por una nueva organización del mercado como la prenda de eficacia, mientras que las formas precedentes de capitalismo tenían una tendencia a la concentración y a la armonía. En esta óptica liberal, la creación de monopolios es contrariada por leyes anti-trust. Ellas serán puestos en práctica por Theodore Roosevelt que particularmente se opondrá a John D. Rockefeller y a J.P. Morgan. Antes, los Estados del Sur habían provocado la guerra de Secesión proclamando su independencia, temiendo verse imponer el modelo del norte (opuesto a su sistema esclavista) por el gobierno federal republicano de Abraham Lincoln.

[editar] Colaboración de los poderes políticos y los poderes privados

En la historia reciente, las tentativas de nacionalizaciones de los bienes materiales de las grandes empresas transnacionales provocaron la caída de ciertos gobiernos: el del Salvador Allende en 1973 en Chile (derrocado por un golpe de Estado militar alentado desde Washington). En 1956, la nacionalización del Canal de Suez por el gobierno egipcio de Nasser, provocó la entrada en guerra de Francia, del Reino Unido y de Israel. Al contrario, en nuestros días, las privatizaciones de las empresas se acompañan casi sistemáticamente de movimientos sociales y de protestas. La cuestión del capitalismo, por su naturaleza jurídica, es fuente de presiones y de desequilibrios políticos.

Para John Kenneth Galbraith:

"El sistema industrial inextricablemente está vinculado al Estado. No escapa de nadie que, de muchos modos, la gran empresa moderna es un brazo del Estado, y éste mismo, en las circunstancias importantes, es un instrumento del sistema industrial".
El Nuevo Estado industrial, 1967

Según Galbraith, las grandes empresas americanas de la segunda mitad del siglo XX se acaparan un poder excesivo con el fin de colocar a su provecho una economía planificada. El peligro de guerras que tiene como único objeto abastecer de mercados a la industria del armamento particularmente es evocado. Algunos años antes, el presidente norteamericano había declarado por otra parte:

"Jamás debemos permitir que el complejo militar-industrial amenace nuestras libertades o el proceso democrático".
Dwight David Eisenhower, Último discurso a la nación del presidente de los Estados Unidos, el 29 de enero de 1961

El liberalismo y sus teorías más fundamentales son por lo demás extraídas desde capitalismo industrial. Según la teoría de la "hilera invertida", es el consumo que se adapta a la producción gracias al hostigamiento y gracias a las necesidades creadas por la publicidad. Insiste pues en la necesidad de la existencia de "poderes compensadores", y en el papel esencial de la educación en la emancipación del individuo.

Los lazos entre el mundo político y las grandes empresas regularmente son objeto de polémicas. Pensamos por ejemplo en las vinculadas a la guerra de Iraq, o a las críticas hechas al modo de financiamiento de las campañas electorales en los Estados Unidos.

[editar] El capitalismo contra las veleidades de la regulación del Estado en el siglo XX

A lo largo del siglo XX, la abertura del capitalismo ha sido limitada en parte por las crisis económicas y la emergencia de modelos económicos alternativos: las guerras mundiales, el bloque comunista, el nazismo en Alemania y sobre todo la crisis económica de los años 1930.

Es en efecto en el curso de esta década el capitalismo debió hacer frente a los desafíos más importantes desde su advenimiento en el siglo XVIII. La crisis trajo una entrega(descuento) en cuestión del "capitalismo salvaje" y del liberalismo. Por ejemplo, la teoría económica entonces dominante (Keynesianismo) preconizaba la intervención pública (John Maynard Keynes, Teoría general del empleo, el interés y el dinero, 1936) para regular las disfunciones de un sistema económico que cualificaba imperfecto y fundamentalmente inestable.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo de los Estados de bienestar se acompañó de una toma de control por el Estado de las sociedades más grandes industriales, comerciales y bancarias en numerosos países. Los sistemas de seguridad particular en cuanto a ellos habían reemplazado por una toma en carga colectiva de los riesgos a escala estatal. Apreciamos entonces economías mixtas, donde el capitalismo no debía dominar en lo sucesivo, pero sí coexistir con sistemas económicos alternativos.

No obstante, en respuesta al shock petrolero y en respuesta a la crisis económica de los años 1970, los fundamentos teóricos de la intervención pública y de la regulación del capitalismo fueron retomados. El regreso de las políticas liberales y la privatización de faldones enteros de la economía marcó la vuelta del capitalismo privado como sistema dominante de las economías de mercado. Por otro lado, los años 1990 fueron marcados por la desaparición progresiva de los sistemas alternativos en los países del antiguo bloque comunista y en los numerosos países en vías de desarrollo.

[editar] La expansión del capitalismo: de los capitales nacionales a los capitales multinacionales

El ascenso del capitalismo ha sido animado por el nacionalismo económico y el mercantilismo (ver más arriba). Al principio de los años 1950, Charles Wilson, director general de General Motors, declaraba "lo que es bueno para General Motors es bueno para los Estados Unidos y recíprocamente". Un siglo antes, Karl Marx explicaba que el capitalismo requería un mercado protegido donde despachar sus productos, el nacionalismo era primeramente la mejor manera de garantizárselo:

"El mercado es la primera escuela donde la burguesía se entera del nacionalismo".

Después, la convergencia de los intereses nacionales y de los del capitalismo es cada vez más discutida, y parece que el capitalismo procura librarse de coacciones nacionales haciéndose el motor de la universalización económica.

Empire State Building, símbolo del capitalismo estadounidense

[editar] Los capitalismos nacionales

La historia económica de las diferentes naciones desde el siglo XIX llevó a que el capitalismo tomará formas difirentes de un país a otro.

[editar] El capitalismo británico

El crecimiento del capitalismo británico en el siglo XIX ha sido fuertemente marcado por un libre comercio mezclado a la tradición del mercantilismo comercial. Esta evolución contra-natura llevó a la constitución de un Imperio colonial importante y a la inserción muy precoz del país en la división internacional del trabajo (la parte de la población agrícola se volvió ampliamente minoritaria en el Reino Unido desde el siglo XIX). Importando desde sus colonias las materias primas, el Reino Unido se convirtió en el siglo XIX en el "taller del mundo". Heraldo del liberalismo a través de un mundo proteccionista, el Reino Unido conoció no obstante un paréntesis marcado por la emergencia de un Estado "providencia" que advenía como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, antes de volver a ser a partir de los años 1980 uno de los ejemplos del